sábado, 7 de marzo de 2009



Historias del Tiempo Vuela.-

Esnifar en la playa.-*

Por Juan Mellado.-

En estos tiempos muy dados a esnifes nasales de la más variopinta y rara procedencia, que suelen dejar secuelas en el organismo, es de agradecer una nueva moda que se ha impuesto: la de esnifar…agua salada.
La moda consiste en pasear por todo el litoral de la localidad chipionera y de vez en cuando pararse en riquísimas lagunas para absorber vía nasal el agua. Las propiedades curativas del agua salada son numerosas pero sobre todo destacan las que contribuyen a un desatascamiento general del cuerpo.
Esnifar agua salada no se hace de cualquier forma, tiene su ceremonia. No vale cualquier laguna, son preferibles aquellas que se forman en los huecos y piélagos de las piedras o corrales de pesca. También debe tenerse en cuenta que la mejor hora es cuando acaba de bajar la marea y el agua es fresca, sobre todo si todavía no ha dado tiempo a que alguien se haga pipí en ella. Esto es importante ya que de producirse esta circunstancia la nariz nos olería a marisco, pero no precisamente marino.

Una vez hallado el lugar, uno debe inclinarse de rodillas con agua a la altura del pelete, de tal forma que mientras hace varias genuflexiones para esnifar, al mismo tiempo se refresquen los cojoncetes, que se suponen escaldados de tanta caminata.
Tras varios esnifes, la nariz se pone tan a tono que empieza a desatascar dejando sinusitis a un lado y el “celebro” con las ideas muy claras. Es de aconsejar que los sorbetones sean fuertes y llegue el agua a la coronilla. Pero si usted lo que tiene es un atasco anal producido por una masiva ingestión de higos chumbos, no se preocupe. Beba una buena cantidad de agua salada. Es santa cosa. Una vez bebida te vas irremediablemente de vareta. Esta última operación es aconsejable hacerla cercana a un servicio público.

Según los expertos rusos Gómez Andresieff y Moñikoff, junto al polaco Totenko, el mejor sitio para estas ceremonias es en la zona de Marielo y Las Irlandesas por la alta concentración en yodo de esta agua. Estos procesos curativos pueden completarse con un baño de algas, más conocidas aquí como sebas. Tras el remojón desaparecen de la piel toda clase de sarpullidos, manchas e incluso el temible percol.
Estas son propiedades curativas que sólo tienen las playas chipioneras y es necesario venir y conocerlas. Además, todas estas recomendaciones no están en contraposición a bañarse de cuerpo entero en días de mareas bravas, en los que sales del agua a rebalaje como los pulpos, bañador o bikini por un lado y bañista por otro.
*Este artículo salió publicado en Diario de Cádiz el 19 de julio de 1992 en el Suplemento de Verano.