viernes, 14 de septiembre de 2007

LA REPRESIÓN FUE BRUTAL EN CHIPIONA TRAS EL ALZAMIENTO DE 1936. -




Entre el 18 de julio y 8 de diciembre fueron asesinadas unas 30 personas que no había cometido ningún delito.-


Envidias, celos, deudas, ser de izquierdas o fiel a la República, motivos para morir fusilado en una cuneta o represaliado por el régimen.-


Por Juan Mellado


La nueva corporación chipionera, a propuesta de los familiares de las víctimas, va a proceder a intentar recuperar los cuerpos de todos aquellos chipioneros que murieron asesinados durante los primeros meses del llamado Alzamiento Nacional. Esta reivindicación y recuperación no tiene ningún ánimo revanchista sino solamente dar descanso y sepultura dignas a todos aquellos que dieron su vida por defender sus ideales. En Chipiona entre el 18 de julio de 1936 y el 8 de diciembre del mismo año, las fuerzas represoras y algunos paisanos afines ejecutaron a una treintena de personas. Entre las causas de estos crímenes, ejecuciones por fusilamiento sin ningún tipo de juicio, figuran envidias y celos, ya sea por motivos económicos u amorosos, saldar la deuda por parte del deudor, ser de izquierdas o simplemente fiel a la República. Las matanzas pararon el 8 de diciembre, festividad de la Inmaculada, fecha en la que significativamente fusilaron a 8 personas para hacerlo coincidir con tal efeméride.


En el caso de Chipiona, la represión brutal ejercida sobre esta treintena de ciudadanos no tenía sentido. Cabe recordar que en los años de gobierno de ayuntamientos de la República no se ejerció ninguna represión contra personas o funcionarios públicos, no se mató a nadie e incluso la Comisión Gestora presidida por Manuel Miranda de Sardi evitó que ningún exaltado quemase o asaltase el Santuario de Regla o la parroquia, algo habitual por otros pagos. La misma Comisión aprobó no represaliar a ningún funcionario a pesar de haber recibido escrito de algunos ciudadanos que pedían depurar responsabilidades. Esta Comisión, en su inocencia, dejó en manos del Gobierno Civil la potestad de desarmar a aquellos ciudadanos que poseían armas de fuego y que luego fueron usadas para matarlos.


Los tiempos de la República fueron convulsos y como todo tiene un antecedente, en 1934 una huelga de trabajadores del gremio de panaderías generó unos disturbios que desembocaron en la muerte de dos obreros. Ese día, el cuatro de abril del señalado año, el Director General de la Guardia Civil, el general Miguel Cabanellas realizaba una visita a la ciudad de Jerez de la Frontera. Enterado de los hechos ocurridos en Chipiona, se personó in sito a la puerta del cuartel de carabineros, ubicado en la calle Cemento, donde aún yacían los cuerpos de los dos infortunados. Al bajar del coche oficial se dirigió al teniente de carabineros y con tono respetuoso pero enérgico le dijo, “no es justo matar a obreros”. Este mismo general apoyó luego el golpe de 1936 pero al sentirse engañado no aprobó la jefatura de Francisco Franco. Cuando murió, el generalísimo ordenó la confiscación del archivo de Miguel Cabanellas. El año 1936 arranca en Chipiona con la constitución de una nueva Comisión Gestora nombrada por el Gobierno Civil y de la que sale elegido presidente Manuel Miranda de Sardi. Éste y la mayoría de miembros de la Comisión fueron luego fusilados tras el 18 de julio. Entre las “maldades” cometidas por esta Comisión y que les llevaría posteriormente a la muerte figuran el cambio de denominación de algunas calles, festividad local, o la adhesión al Anteproyecto de Estatuto de Autonomía de Andalucía, aprobado esto último por unanimidad el 30 de junio. Entre enero y julio de este año se suceden algunos incidentes callejeros protagonizados entre fascistas y comunistas que se saldan solamente con heridos. Como curiosidad cabe destacar que un joven de 16 años, José Mellado Domenech, denuncia por escrito a seis individuos por “provocación contra el régimen establecido, el cual está obligado a defender”, según consta en el documento. Este y otros actos en defensa de la República le costarán luego la cárcel y la persecución junto con el líder sindical Cosme Mellado Caro, peripecias que merecen trato aparte. Tras los sucesos en el ámbito nacional del 18 de julio, el día 20 es convocada en reunión extraordinaria la Comisión Gestora que preside Miranda de Sardi, pero no es éste quien la reúne. Se trata de una convocatoria hecha a las 9 de la mañana con carácter urgentísima realizada por el teniente de carabineros en calidad de Comandante Militar de la Villa y en virtud de la declaración del estado de guerra. Allí el teniente de carabineros comunica los presentes el cese de la Comisión y el nombramiento de otra nueva que preside a partir de ese momento el maestro Miguel Romero López. Cabe resaltar que en la constitución de la nueva Comisión realizada unas horas después, a las doce de la mañana, el mismo Romero presenta su dimisión abrumado por el cargo, pero ésta no es aceptada. No figura en las actas qué ocurre con lo componentes de la anterior Comisión Gestora pero el notario que es la historia demostró que la mayoría fueron posteriormente fusilados o represaliados los que lograron vivir. La lista de desaparecidos en las numerosas “sacas” de sus domicilios o de la cárcel alcanza la treintena. La memoria de uno de los represaliados y al que los sublevados asesinaron a su padre, Narciso Montalbán, acierta a decir algunos nombres de desaparecidos, un buen número de ellos de lo que no se han encontrado sus cuerpos y otros que reposan por haber sido recogidos por sus familiares en el momento de su muerte. Ya ancianos, Narciso Montalbán y José Mellado, antiguos líderes comunistas confían en que se ponga en pié la historia de estos sucesos lamentables. Poco a poco la historia va dejando las cosas en su sitio. La democracia permitió en 1979 que el líder sindical Cosme Mellado participase en el gobierno de la localidad y tras las nuevas elecciones locales. Posteriormente y tras su fallecimiento una plaza en Chipiona figura con su nombre y un busto la preside.-


La lista de los desaparecidos y sus maldades cometidas.-
- Antonio Rey Lora, conocido como Antonio Iglesias. Concejal de Izquierda Republicana. Fue fusilado en Sanlúcar de Barrameda y enterrado en una fosa común en la zona denominada de Cuesta Blanca. Un nieto suyo, José Manuel Rey, es concejal del Ayuntamiento de Chipiona por el Partido Andalucista y está comprometido con la recuperación de la memoria histórica.
- Alfonso Montalbán Monge. Concejal y padre de Narciso Montalbán, conocido hombre de izquierdas represaliado. Una nieta suya, Ildefonsa Montalbán, fue concejal por el PCE en la reinstaurada democracia.
- Francisco Montalbán. Conocido como Panchito, fue fusilado en Cuesta Blanca y enterrado en Sanlúcar de Barrameda. Su propia mujer, Doña Ana de Panchito, recogió su cuerpo en el mismo lugar del crimen. La inducción del crimen está en una denuncia cuyo origen es la venganza de tipo personal. Esta misma mujer hizo muchos servicios por la democracia en tiempo de la dictadura exponiendo su vida. Protegió a los jóvenes líderes políticos de izquierdas, Cosme Mellado Caro y José Mellado Domenech cuando eran perseguidos.
- Francisco Mellado Naval, padre de Cosme Mellado. Trabajaba en la bodega de Florido Hermanos. Su hijo Cosme fue represaliado y estuvo a punto de morir fusilado. Con la llegada de la democracia llegó a ser concejal del Ayuntamiento. Murió en septiembre de 1999 tras una larga enfermedad. Una plaza de Chipiona lleva su nombre y un busto.
- Manuel Miranda de Sardi. Alcalde. Fusilado a la puerta de la casa de su hermana Francisca a pesar de haber evitado la quema del Santuario de Regla por las fuerzas populares. Fue hermano del poeta y teniente de alcalde de Cádiz, José Miranda de Sardi, quien también fue asesinado.
- José Mellado Bueno. Padre de José Mellado Domenech. Al parecer fue fusilado a la puerta del cementerio de El Puerto de Santa María y pudiera estar enterrado allí. La invención de un supuesto ultraje a la bandera le supuso la muerte. Su pecado fue el visitar al que fue gobernador civil de Cádiz, Eduardo Valera Valverde, íntimo amigo suyo, quien le prometió que en Chipiona no se iba a hacer represión. Su protagonismo era incómodo para los planes de los sublevados.
Con 70 años fueron fusilados Luis Query y Enrique Espinosa, dando los represores la prueba que no respetaban ni la edad. Otros nombres se suman a esta lista incompleta como Manuel Bolaños, Luis Castro, Santiago Query, Domingo Caro, Ricardo y Eduardo Pimentel, Tomás Soto, Manuel Peralta, Fernando Verdún, José Guisado, Antonio Soto... Sus familiares quieren que descansen en paz.

LA SALIDA PROCESIONAL DE LA VIRGEN DE REGLA EL 8 DE SEPTIEMBRE DE 1936. -


Chipioneros y visitantes protegieron a la imagen de unos esperados disturbios que no llegaron.-
Por Juan Mellado.
En el libro “Memorias de un pueblo”, del prestigioso escritor e historiador chipionero Manuel Florido Benítez, se alude a la salida procesional el 8 de septiembre de 1936 de la imagen de la Patrona de Chipiona, Nuestra Señora de Regla, la cual hubo de hacerse con escolta armada ante una posible agresión. Fundamenta que en esa fecha la Virgen no iba a salir en procesión por primera vez en la historia tras unos rumores que hubo en el pueblo días antes “de quemar a la imagen si salía a la calle”.
Cuenta el historiador que dos hombres buenos y de reconocido prestigio fueron al santuario “para pedir permiso para sacar la Virgen en su procesión todos los años, además haciéndose responsables ellos mismos que la defenderían de lo que fuera con sus vidas. Después de obtener el permiso del rector se organizó una gran escolta de voluntarios que la rodearon con armas de fuego al mando de estos dos señores”. Concluye el historiador que el día de la fecha la procesión salió no sólo rodeada de la escolta sino de todo el pueblo de Chipiona que estaba dispuesto a jugársela toda si alguien hubiera atentado contra ella, circunstancia que afortunadamente no ocurrió.
La verdad es que técnicamente era casi imposible que nadie viniera a atentar contra la imagen de la Virgen de Regla porque los supuestos agresores ya en esa fecha habían sido asesinados o estaban llenando las cárceles. Sí podía haber una posibilidad de ataque por mar o aire por parte del ejército republicano en cuyo caso no hubiera valido o servido para nada la constitución de la referida escolta armada. En cualquier caso la posibilidad que se plantea de agresión terrestre por parte de incontrolados era muy remota porque los datos y hechos son demoledores.

Andalucía occidental era una “carriolera” de asesinados desde el 18 de julio de 1936.
En el caso de Chipiona cabe reseñar que el 8 de septiembre del 36 ya habían sido asesinados buena parte de la treintena que cayó hasta el 8 de diciembre y que los elementos de izquierda o desafectos al nuevo régimen estaban encarcelados. Por otro lado también cabe recordar que la Comisión Gestora del Ayuntamiento republicano siempre destacó por la defensa de nuestra Patrona, la Virgen de Regla, no permitiendo ningún tipo de agresión externa como se demuestra por testimonios y actas municipales. Nadie de Chipiona creo que se atreviera a atentar contra la imagen en unas circunstancias tan adversas.
Pero la posibilidad de atentado por personas venidas de otras poblaciones era muy descabellada como rebaten estos datos ofrecidos a continuación.

Peregrinación multitudinaria desde Sanlúcar de Barrameda.-

En el libro de Eduardo Domínguez Lobato, “Cien capítulos de retaguardia” se narra así el día 8 de septiembre de 1936.
“Peregrinación a Chipiona. Van en tren especial las milicias, falange y público de romería. No hay individuo que no lleve prendida en la solapa una insignia con la bandera. Van en trenes, taxis, autobuses y coches privados”.
No se desprende que de la vecina ciudad de Sanlúcar viniese nadie a quemar la imagen, en cualquier caso estaría mucho más protegida si cabe con tanta gente de orden. De otro lado a esa fecha en Sanlúcar ya habían sido fusiladas 31 personas, dejando sus cuerpos en las cunetas de las carreteras de Rota y Trebujena principalmente, y otras muchas permanecían detenidas en el famoso castillo.
Quizás hubo la posibilidad de peligro por vía marítima ya que un día antes, el 7 de septiembre, ocurrió un incidente en la barra de Sanlúcar de Barrameda con el crucero Gravina, en el que se vio implicado un mercante y un avión ocasional, más preocupado por otras operaciones de envergadura que disparar contra una procesión. En la vecina ciudad de Rota, según se recoge en el libro “Vida e historia de un pueblo andaluz”, de Rafael Quirós Rodríguez, llegaron a asesinar a unas 14 personas constatadas, uno de ellos agricultor el 8 de septiembre, aunque alude a que la lista de desaparecidos por la represión es más amplia pero no se poseen datos. Entre estos ocho obreros de la construcción que procedían de Arcos. En otra población como Trebujena, desde el 18 de julio a diciembre de 1936,las personas fusiladas o tiradas al río fueron 98.

En una ciudad tan señera como Sevilla, capital de Andalucía, y con grandes vinculaciones chipioneras, según se refleja en el libro del profesor Juan Ortiz Villalba, “Sevilla 1936”,fueron 298 las personas fusiladas entre el 18 de julio y el 8 de septiembre por orden del juez militar en virtud de sentencia y sin citar los que fueron desaparecidos. Estas personas fueron fusiladas en las tapias del cementerio y murallas de la Macarena principalmente siendo de todas las profesiones.

Según datos aportados por la historiadora Macarena Tallafigo, recogidos a su vez de F. Romero tras su intervención en unas Jornadas de Memoria Histórica, después del 8 de septiembre los pueblos que quedaban sin ocupar en toda la provincia de Cádiz eran 6 de un total de 42, a saber Grazalema, El Gastor, Villaluenga del Rosario, Alcalá del Valle, Setenil de las Bodegas y Jimena de la Frontera, todas ella a muchísimos kilómetros de distancia de Chipiona por lo que el peligro no podía venir de ninguna de esas poblaciones. Se da además la circunstancia que el último pueblo de la provincia de Cádiz que cae en manos de los rebeldes, Jimena de La Frontera, lo hace el 28 de septiembre. Esta sólo una pequeña muestra de la represión en algunas poblaciones cercanas y representativas.

LOS DATOS APORTADOS POR LAS CHARLAS DEL GENERAL QUEIPO DE LLANO.-
Para testimoniar la tesis que estamos exponiendo nada ni nadie tan fiable y que no pude ser acusado de sospechoso. Son las charlas que el general Gonzalo Queipo de Llano, transmitía desde Radio Sevilla, recogidas escritas en periódicos de la época y por escritores como Manuel Barrios o Ian Gibson que las transcriben literalmente. De ellas se desprende que la situación no era para que nadie fuese a un pueblo como Chipiona a atentar contra una procesión.
Así en la charla emitida el 29 de julio, Queipo da noticias de Rota. “Me piden de Rota haga saber por la radio que todos los veraneantes se encuentran bien de salud, y de que allí no se ha registrado ninguna novedad desagradable”. No obstante en la charla del 7 de agosto alude a un bombardeo de la ciudad de Cádiz en la que una granada de un barco cae en el barrio de La Viña. Del que paradójicamente afirma que sólo hizo víctimas entre los comunistas que allí habitaban.
El domingo 9 de agosto Queipo relata su visita triunfal a varias plazas de Andalucía occidental. Así las realizadas a Cádiz, Jerez, El Puerto de Santa María con estas ciudades vibrando de entusiasmo.
En otra charla fechada el 26 de agosto alude a un bombardeo de Cádiz por aviones rojos con el resultado de seis muertos y 22 heridos. En esa misma charla Queipo asegura que “ahora están plenamente sometidas al ejército las provincias de Sevilla, Huelva, Cádiz, Córdoba, Granada y Málaga, a excepción de la capital, toda Extremadura, todo el norte y noroeste de España y todas las fronteras, excepto la de Gerona y el sector de Irún, que está completamente bloqueado”.
De momento no hemos podido averiguar que dijo Quepo de Llano en su charla del 8 de septiembre ya que no figura entre la bibliografía consultada pero imaginamos que sería un mensaje de corte triunfalista.

De todos estos datos aportados, se desprende la tesis que era muy difícil un ataque a la procesión de la Virgen de Regla del 8 de septiembre de 1936. Por tierra era imposible dada las circunstancias obvias y evidentes. Por mar y aire podría haber habido una posibilidad aleatoria pero en la que Chipiona y su procesión no sería el objetivo principal. Es decir, es impensable una operación organizada por mar o aire, programada y con objetivo, para bombardear una procesión que no es objetivo militar. Tan sólo cabría la posibilidad de algunos enfrentamientos entre barcos y aviones en el mar y que secundariamente por lotería o azar pudiera haberse visto Chipiona afectada.
No obstante según cuenta el historiador Florido el rumor era que vendría gente a quemar la imagen, cosa que evidentemente no ocurrió.
Valorando las buenas intenciones de esos hombres leales y sin ánimo de devaluar su mérito, cabe pensar que la salida procesional de la Virgen de Regla escoltada por personal armado constituyó sólo una demostración de fuerza innecesaria y sin ninguna relevancia heroica. Evidentemente el 8 de septiembre de 1936, el que no estaba ya asesinado o preso en la cárcel, estaría en el frente o huido a cientos de kilómetros y a buen seguro entre sus objetivos no estaba quemar una imagen sino sencillamente salvar el pellejo. Por otro lado, tampoco está en nuestro ánimo ningún espíritu revanchista sino simplemente dejar las cosas en su sitio con la intención de al menos aproximarnos a los hechos que ocurrieron.

CANTAR Y BAILAR EL NEGRO ZUMBÓN COSTABA LA CÁRCEL EN LA CHIPIONA DE LOS AÑOS CINCUENTA.-




El alcalde, Rafael Vidal, era el guardián de la moral y las buenas costumbres.
La proyección de la película “ANA” provocó las iras de Vidal que la consideraba obscena.-

Por Juan Mellado


Cuando el director de cine Alberto Lattuada filmó la película ANA, con una espectacular Silvana Mangano, nunca imaginó que a muchos kilómetros de distancia, en España, en la Chipiona de los años cincuenta, iba a ocasionar una gran polémica e incluso detenciones. En esta película la Mangano bailaba un número titulado “El bayón de Ana”, mientras su voz era doblada en lo que en España se conoció como “El negro zumbón”.
Era 1953 y en Chipiona gobernaba un alcalde llamado Rafael Vidal, guardián de la moral y las buenas costumbres y que en un mandato anterior en los años cuarenta había intentado en vano que se cerrasen bares y tabernas con ocasión de la celebración de unos ejercicios espirituales en la parroquia. Conocido como el alcalde que mandó colocar por las esquinas grandes carteles, de un metro por 60 centímetros, en los que podría leerse “Alabado sea Dios, guerra a la blasfemia”, Vidal tuvo en Chipiona su particular cruzada con la película citada y con el tema del negro zumbón, de tal forma que tenía orden de detención para todos aquellos ciudadanos que lo cantasen o bailasen.
La proyección de la película y el intento de detención del gerente del cine.
Ana se estrenó en el Cine Principal de la calle Isaac Peral con 20 minutos de su metraje cortados que se unían a los que ya originariamente había practicado la censura. Ello no fue impedimento ni eximente para que Rafael Vidal mandase detener al gerente del cine, José Olave, por proyectar la película. La orden de detención fue efectuada a la Policía Local, pero Olave tenía mucha amistad con el Comandante de Puesto de la Guardia Civil, quien en persona se ofreció a acompañarle durante un tiempo día y noche para impedir que se consumara la orden. Así con la benemérita por delante los policías no se atrevían a detenerle.
Puestas así las cosas y para recochineo, cuando se proyectaba la película daban marcha atrás al rollo, ponían otra vez la canción y el público que llenaba la sala aplaudía con regocijo. Mientras, en el cine de la competencia, en el Avenida, ponían al parecer “Lo que el viento se llevó”. Según parece alguien con intereses en la localidad contrapuestos al dueño del Principal, José Luis Ballester, también estuvo en el ajo de la denuncia que no llegó a servir para nada porque todos los días se ponía por la megafonía del cine.
Las amenaza de detener a quienes cantasen o bailasen el bayón sí fueron cumplidas en muchas ocasiones y entre la lista detenidos figuraban incluso el padre de la popular Rocío Jurado, aunque este extremo no se ha podido confirmar totalmente. La persecución llegó hasta a detener a un organillero que inocentemente tocó el bayón. Este detalle último no tiene desperdicio. Alguien próximo en el gobierno municipal de Rafael Vidal y cachondo mental, se encontró a la entrada de la localidad a un organillero ambulante. Le preguntó que si en el repertorio llevaba el negro zumbón. Al contestarle que sí le contó que a su novia le gustaba mucho y que le pagaría bien si lo tocase a la puerta de su casa. Con cuatro pesetas de la época, el organillero en cuestión se puso a tocar el negro zumbón a la puerta de una casa que no podía ser menos que la del propio alcalde, Rafael Vidal. A continuación se armó una pajarraca y tal revuelo y el organillero explicó a la policía lo sucedido. No se le pudo detener porque tenía todos los papeles en regla.
Rafael Vidal Pérez fue alcalde de Chipiona durante dos mandatos. El primero fue desde el 13/04/ 1943 a 12/02/1944, nueve meses y 29 días. El segundo mandato en el que ocurrieron los hechos que se narran fue entre el 08/06/1953 al 06/02/1955, un año y 8 meses. Los tenientes de alcalde de este último mandato fueron Antonio Caballero Amérigo y Manuel Jurado Bueno. No se comprende tanto escándalo con la canción y la película, ya que años antes la Mangano había protagonizado la famosa Arroz Amargo y en la que en medio de un arrozal aparecía con pantalón corto y provocativa, carne de pecado y lascivia.
El estreno de la película en España.-
Aunque la película se rodó en 1951 dirigida por Alberto Lattuada, al parecer no es hasta 1953 cuando se estrena en España. En realidad es una película mediocre en la que la protagonista, Silvana Mangano, se le dobla la voz en las canciones y en el argumento pasa de ser pecadora a monja. La película fue estrenada en España sin pena ni gloria formado parte de un gran lote de la distribuidora. Según cuenta José Mellado Domenech, que fuer durante muchos años gerente de cines de barrio en Sevilla, en la capital hispalense estuvo dando tumbos hasta que se pudo estrenar casi sin publicidad. A partir de ahí fueron los espectadores de los cines de barrio y los de pueblo quienes hicieron de la película un rotundo éxito.
Silvana Mangano(1930-1989). -
La elevada atracción sensual de esta actriz italiana le favoreció para llegar al star system a finales de los años cuarenta. Silvana Mangano nació el 21 de abril de 1930 en Roma, estudió ballet en la academia romana de Zhia Ruskaya y comenzó a trabajar como modelo en su adolescencia. Tras ganar el concurso de belleza Miss Roma y participar en Miss Italia, debutó en el cine en 1954 con la película “El elixir de amor”. Dos años después y tras protagonizar el filme de Giuseppe de Santis “Arroz Amargo”(1948), conseguiría la fama a nivel mundial. Posteriormente intervendría junto a Vittorio Gassman en la interesante “El lobo de la Sila” (1949). En 1949 contrajo matrimonio con el productor Dino de Laurentiis, con quien estaría casada felizmnete durante toda su existencia. La carrera cinmematográfica de la Mangano no feu excesimanete prolífica a partir de los años cincuenta. Entre su filmografía destaca Ana(1950) de Alberto Lattuada, “El Decamerón”(1971) de Passolini, “Teorema”(1968) y “Muerte en Venecia”(1971) de Visconti.
Víctima de una cáncer de pulmón, Silvana Mangano falleció en Madrid el 16 de diciembre de 1989 a la edad de 59 años y con toda seguridad ajena al revuelo que su personaje había armado en Chipiona.-

NICOLÁS MIRANDA, LA HISTORIA DE UN "ROJO INDESEABLE" QUE PASÓ A SER HÉROE TRAS COMBATIR CON LA DIVISIÓN AZUL.-




Servir a la República le costó persecuciones, incluso de la propia familia".
Ha escrito más de 700 novelas del oeste, policíacas y relatos de guerra, pero la más importante es la de su vida.-

Por Juan Mellado


Se llama Nicolás Miranda Marín, chipionero de pura cepa nacido un 16 de mayo de 1919. Nunca pensó que en su pueblo natal le iban a tratar como a un perro y menos su propia familia. Su error fue combatir con la República en la Guerra Civil y ser uno de los perdedores. Solo le salvó combatir luego en Rusia enrolado en la División Azul, de donde volvió como un héroe con una pierna amputada. Cosas del destino. Ello le libró de ser fusilado o internado en un campo de concentración. Con un estado de salud delicado, este viernes no podrá asistir a su homenaje. Estarán sus familiares que darán su testimonio.
Nicolás Miranda, todavía con la cabeza muy bien amueblada, un republicano convencido y que argumenta sabiendo lo que dice, recuerda que a la edad de siete meses se trasladó con su familia a la cuenca minera de Peñarroya (Córdoba), debido a la enfermedad de asma que padecía su hermana mayor. Allí pasó su juventud. Tenía 17 años cuando estalló la Guerra Civil y 18 cuando el ejército de la República le llamó a filas, incorporándose a la 204 Brigada Mixta en la que combatió durante catorce meses.
Al perder la República la guerra, fue hecho prisionero y conducido con otros republicanos al campo de concentración de Pina (Castellón), del que fue trasladado al de prisioneros de Valsequillo (Córdoba). "Salí del mismo para comparecer en Cádiz en el Gobierno Militar ante un tribunal de guerra por ser considerado prófugo, ya que no me presenté a filas cuando el ejército de Franco me movilizó en Chipiona". Tuvo suerte en principio ya que fue absuelto con todos los pronunciamientos favorables y fijó su residencia en Chipiona a donde volvió con 20 años y sin conocer a nadie de la familia. Ese fue su gran error.
"Trabajé en los albañiles pero cuando llegaba a solicitar un puesto de trabajo un vencedor del a Guerra Civil, me despedían a mí sin contemplaciones. El último que lo hizo fue la empresa de los Jurado". Los ruegos de ser el único que trabajaba en su casa y tener un padre de más de sesenta años no sirvieron para nada. "Me dijeron que la orden que tenía era de dar trabajo a los vencedores".
La sorpresa de Nicolás fue mayor cuando comprobó que " mis primos hermanos eran todos mis enemigos, cruzaban de acera para no saludarme y me consideraban un rojo indeseable". Las calamidades de Nicolás no acabaron ahí con la familia. "Las dos casas que mi padre heredó de mi abuelo y una finca de uva moscatel en el pago de Montijo las perdió pasando a manos de sus hermanas. Ellas habían publicado un edicto diciendo que las fincas estaban abandonadas por mi padre y si en un plazo establecido nadie las reclamaba pasaba a propiedad de ellas". Como quiera que nadie avisó a su padre, pasó el tiempo de reclamaciones y al estar ignorante del edicto perdió sus propiedades. Después de esto, " uno de mis primos hermanos me detuvo en la calle Larga y me dijo que tuviera cuidado con lo que decía que me iba a encerrar". Otro detalle del cariño que le profesaba su familia fue el siguiente: " mi padre fue a ver a su hermana María Regla pidiéndole ayuda y le contestó que ante de darle a él y a su familia un pedazo de pan, se lo daba a los perros".
Héroe forzoso en la División Azul y pérdida de una pierna en combate.-
Puestas así las cosas, Nicolás Miranda pudo encontrar trabajo en el espigón del muelle de Chipiona, donde permaneció hasta finales de junio de 1941. Allí fue a verle Manuel Sánchez Vargas, el único ex combatiente del ejército de Franco que se mostró como un gran amigo y le dijo que acababa de enrolarse en un banderín de enganche para combatir en Rusia. No vio otra solución. En Chipiona tenía que presentarse cada diez días en el cuartel de la Guardia Civil. "Me recibía un brigada del cuerpo, el que peor podía tratarme. Me amenazaba con devolverme al campo de prisioneros de Valsequillo". En más de una ocasión se encontró en la biblioteca pública con otro represaliado, José Mellado, con quien compartía confidencias y recibían amenazas del citado brigada que les hacía la vida imposible. La situación con la familia no mejoraba. " Fui tratado en mi pueblo como el peor de los bandidos, no existía otro tratamiento para mí. Los hijos de mis tías se mofaban a mi paso y otros me insultaban por lo bajo".
Con este curriculum a Nicolás Miranda sólo le cupo irse a la División Azul. Atrás sólo quedaba la posibilidad cierta del campo de concentración, el fusilamiento o un tiro perdido desde una esquina.
" Dejé el pico y la pala y sin decir nada al capataz ni esperar a que me pagaran los atrasos me fui". Nicolás le dijo a su madre que iba al cuartel de milicias de Cádiz a ver qué pasaba con su asunto, " puesto que tenía que servir en el ejército de los vencedores durante cuatro años para sacarme las ideas comunistas que decían tenía". Conoció entonces a un sargento de milicias a quien le pidió le ayudase a incorporarse al banderín de enganche de la división española de voluntarios. "Me camufló como pudo y cuando se enteró mi madre unos días después, ya había cruzado la frontera francesa hacia Alemania".
La lucha cuerpo a cuerpo en el frente ruso.-
Tras un período de instrucción, ya el 12 de septiembre de 1941 la escuadra en la que Miranda estaba enrolado relevó a otra alemana en un búnker de primer línea en el frente ruso. Allí vivió encarnizados combates cuerpo a cuerpo. Miranda narra con emoción que "nuestra tropa dio ejemplo de valor, abnegación y sacrificio. Ni un solo hombre retrocedió en defensa de una posición atacada por el enemigo, ningún herido quedó abandonado en el campo de batalla y desafiábamos la muerte con el más absoluto desprecio". La precisión con la que Miranda narra los combates y operaciones es de tal cantidad de datos para el espacio disponible en un periódico. El 24 de diciembre de 1941, día de Navidad, es vivido por Nicolás como de continuados combates. Más tarde es agregado el batallón, el de la tía Bernarda como los españoles le llamaban jocosamente, a la 126 división alemana. Allí en un encarnizado combate, el obús de un disparo por parte de los soviéticos hiere en ambas piernas al sargento Losada " y a mí me abre un fenomenal boquete en la pierna izquierda muy cerca de la ingle, tan cerca que es amputada a unos 3 centímetros de ésta dejando un canal en el músculo que alcanza lo poco que queda de un muñón". Durante más de sesenta años las casas ortopédicas le han servido 16 prótesis única manera de hacer causa con la grave minusvalía y poder valerse dada su extrema incapacidad.
La vuelta de los héroes a la estación madrileña del Norte.-
Nicolás Miranda regresó a España con una expedición de la División Azul un mes después de amputársele la pierna en Soltcy (Rusia Blanca), el 25 de abril de 1942. Miranda lo narra con detalle de novelista.
" En un tren de heridos llegué a la estación del Norte en Madrid. Estaba la estación repleta de gente que nos llamaban valientes, héroes y otros calificativos bajo el sonido de marchas militares y vítores. Una enfermera militar, de rostro alegre, me dio la bienvenida ayudándome a bajar del vagón. Yo no sabía el manejo de las muletas que me habían dado y me mantenía mal. Estaba mareado, atronado por el ruido de la estación del Norte. Sentía una especie de angustia que me hizo llorar, ahora en mi país, cuando ni siquiera derramé una lágrima por el dolor de la herida producida por aquel gigante de hierro y la puntería de su único cañón.
La enfermera se dio cuenta de que se me escapaban las lágrimas, me apretó el brazo que sujetaba y dijo: " Llora lo que quieras y no te contengas "! ! Los héroes, los valientes también lloran"!. Esto me llegó al alma, me hizo recordar los malos tratos sufridos en Chipiona. Los momentos, las situaciones difíciles por las que había pasado luchando, viendo caer a cuantos me habían protegido, sin conocer cuales fueron mis ideas, mis sentimientos".
Un novelista codo a codo con Alejandro Rodríguez de Valcárcel y Adolfo Suárez.-
Con catorce condecoraciones de guerra, entre ellas dos cruces rojas del mérito militar, se le abrieron todas las puertas. Pasó a prestar servicios en la Secretaría General del Movimiento en Madrid, con rango de vicesecretario, mano a mano, con el Presidente de las Cortes, Alejandro Rodríguez de Valcárcel, primero, y con Adolfo Suárez después. Con éste último ya adivinaba el cambio democrático que iba a protagonizar años después, aunque Miranda nunca ha renunciado a su republicanismo.


Desde 1946 a 1970 escribe más de 700 novelas del oeste, policíacas y relatos de guerra para las editoriales Bruguera, de Barcelona, y Cíes de Vigo, bajo los seudónimos de Nick Ramdaim, Joe Sheridan o su mismo nombre, Nicolás Miranda. Es un defensor de esta literatura de evasión al igual que la de cualité, "con la que muchos españoles aprendieron a leer y a evadirse de una triste realidad en una España negra". Hoy disfruta de una pensión como funcionario del cuerpo técnico de la Administración General del Estado, ganado por oposición en 1944, y de una pensión mensual concedida por Alemania.
Actualmente vive en Madrid con su hija Carolina y posee una de las más importantes biblioteca y videoteca de España. Nunca olvidará que la Década se haya acordado de él. Un hijo suyo, del mismo nombre, Nicolás Miranda estará presente en el homenaje en su representación.
COMENTARIO.-
UN HOMBRE FIEL A SUS IDEAS.

Conocí a Nicolás Miranda Marín en 1984 gracias a la amistad que me unía, y me une, con su hijo Nico. Enseguida me di cuenta que la vida de este hombre merecía la pena contarla. Cada verano que venía de vacaciones a Chipiona desde Madrid le pedía que me concediera una entrevista. Con una sonrisa me respondía: "Juan si yo te cuento mi vida y digo lo que pienso voy a la cárcel". Siempre me preguntaba por el estado de salud de Cosme Mellado o José Mellado, líderes de los chipioneros represaliados. Tiene fuertes convicciones republicanas y una idea especial sobre la monarquía que a estas alturas nadie va a hacer cambiar. Conoce la falsedad de la vida. Es un hombre de honor en el sentido honrado del término. Patriota a su manera, porque el patriotismo no es sólo de una bandera. Incansable, más de una vez me lo he encontrado en el Rastro de Madrid, con su otra hija, Caro, en busca de libros antiguos o ediciones raras. Su vida es un gran ejemplo de supervivencia ante la adversidad y contra un enemigo inesperado, la propia familia. Hoy se siente cansado, desde su biblioteca en Madrid hacemos la entrevista por teléfono. Sabe todo lo que dice pero no dice todo lo que sabe porque iríamos a la cárcel él y yo. Ha sido, y es, uno de tantos héroes a la fuerza. La estancia de Luis García Berlanga en la División Azul fue un paseo comparado con el combate cuerpo a cuerpo de Miranda. Escribe novelas como pocos de la denostada pero imprescindible serie B. Los tiros no le son ajenos. Su eterna venganza ha sido el hacer desde Madrid favores muy importantes incluso a muchos de lo que le habían despreciado o ignorado. Ha demostrado que él tiene el pedigrí y otros son los perros.-
Foto, cedida por Nico Miranda.
La portada de las novelas primeras ediciones de 1948 cedidas por el autor.-

domingo, 9 de septiembre de 2007

ROCÍO JURADO, PROFETA EN SU TIERRA.


Por Juan Mellado
En la hora de la despedida a Rocío Jurado cabe reseñar la buena sintonía que siempre tuvo con su pueblo que la vio nacer un 18 de septiembre de 1944 en la actual calle Larga. Hija de Fernando y de Rosario, nunca llegó a imaginar, o quizás sí, que con el paso del tiempo iba a ser la Mas Grande con el nombre de Chipiona por bandera.
Su primera prueba de fuego importante fue el concurso radiofónico que ganó en Radio Nacional de España en Sevilla a la que fue llevada por su madre y amigos. El premio consistió en 200 pesetas en metálico, un corte de traje, unas medias de nylon y una botella de gaseosa de la maca patrocinadora del concurso. Sólo fue el comienzo. Era 1961 y con ocho mil pesetas prestadas por su abuelo fue a Madrid a comerse el mundo ya que el Ayuntamiento le había negado una beca para estudiar folclore.
Así emprendió una segura carrera como cantante y actriz de cine en la que el nombre de Chipiona siempre estuvo en su boca. Tanto es así que lo que el Ayuntamiento un día le negó otro se lo pagó con creces. Cabe reseñar que ya el 23 de febrero de 1968, siendo alcalde César Florido, fue nombrada Hija Predilecta de la localidad. En aquella ocasión esta distinción le fue otorgada según César Florido, por las relevantes condiciones artísticas que concurrían en Rocío Jurado, acreedora de galardones nacionales e internacionales con el nombre de Chipiona por bandera. La propuesta fue aprobada por unanimidad por la corporación municipal en Pleno, elevada al Ministerio de la Gobernación y publicada en el Boletín Oficial de la Provincia.
Curiosamente ese mismo año en el mes de agosto Rocío Jurado actuó en el Gran Cinema de Chipiona en el transcurso del Festival del Moscatel y en el que se le concedió la distinción de la “Parra de Oro. Curiosamente además Rocío fue presentada por un casi desconocido Jesús Quintero, entonces en Radio Nacional, antes de ser famoso por El Loco de la Colina y la última persona que le hizo una entrevista en profundidad días antes de su agravamiento.
En 1976 tras aprobarlo el Pleno el tres de mayo, una Avenida fue inaugurada con su nombre siendo alcalde Antonio Rodríguez Caballero. También en esa década Rocío eligió Chipiona para grabar en directo un recital de la serie de Televisión Española “A su aire”. Como prueba de su amor por Chipiona, Rocío actuó en un festival benéfico pro cabalgata de Reyes Magos, con Juan Peña El Lebrijano, celebrado en el Cine Principal en febrero de 1983. En octubre de 1984 recibiría la Medalla de Oro al Mérito Turístico local de manos del entonces presidente de la Junta José Rodríguez de la Borbolla en un multitudinario acto
celebrado en la plaza de Juan Calos I y siendo alcalde el centrista Miguel Valdés. Sería en 1994 cuando al final de la misma avenida que lleva su nombre se inauguró el 21 de agosto el monumento dedicado a su figura, obra del escultor Juan de Avalos y siendo alcalde el socialista Luís Mario Aparcero.
Durante todo este tiempo Rocío nunca olvidó el nombre de Chipiona. Así sevillanas, baladas y algunos palos del flamenco recordaron en sus letras las excelencias de Chipiona o su Virgen de Regla, imagen a la que cada 8 de septiembre acudía a ver en procesión por promesa y concitaba una gran concentración mediática en la que Chipiona ha sido siempre centro de la información. Muchos han sido los reportajes que Rocío Jurado ha realizado en Chipiona.
Incluso en 1993 a las órdenes de Josefina Molina Rocío grabó escenas en las playas de Chipiona de la película “La Lola se va a los puertos”. En 1998 utiliza la playa de Las Canteras junto al Faro para grabar un video clip de promoción de su disco “Me lo ha dicho la luna”. Cabe recordar la repercusión que el 21 de mayo de 1976 tuvo su casamiento con el ex boxeador Pedro Carrasco en el chipionero Santuario de Regla. Tanto con su matrimonio con Pedro Carrasco como con su posterior con el torero José Ortega Cano, Rocío supo imprimir a ambos el amor y aprecio por Chipiona. Uno de los broches de oro de Rocío y su gran relación con Chipiona, tierra en la que ha podido ser profeta, ha sido el de pregonar su fiesta más grande en el 2003, el carnaval.
Hace unos meses el actual alcalde, Manuel García, anunciaba la decisión de conceder a Rocío Jurado la Medalla de Oro de la localidad, ceremonia que no ha podido producirse en vida.

HASTA LUEGO, ROCÍO.-


Rocío Jurado ha sido la persona más importante que ha dado Chipiona en toda su historia.
Por Juan Mellado. /

Se nos fue Rocío. Las páginas de los diarios se han llenado de tópicos. Decían que era la más grande. En este hasta luego se puede decir que sí, que era la más grande y la única. Como las grandes artistas Rocío no se parecía a nadie, era ella misma en esencia, un fenómeno de la naturaleza. Un monstruo sagrado. Era Rocío aquella sencilla chiquilla que un buen día ganó un concurso de Radio Sevilla. Aquella joven que se fue a Madrid a probar fortuna y resultó que la Gran Vía se le quedó pequeña. Esa joven atrevida que con su voz, su arte y su desparpajo, hizo palidecer a la misma Concha Piquer. Se nos ha ido en Chipiona, el personaje, la persona más importante que haya dado la historia de esta villa. Se nos ha ido también el ruiseñor de Andalucía, la cantaora de España. Irrepetible. Muchos se han atribuido el haberla descubierto, pero quizás quien primer la descubrió y confió en ella fue una entrañable persona, una gran mujer, Rosario, su madre. Años después Rocío cantó una desgarradora canción a su madre escrita por Manuel Alejandro, una de los más bellos temas que se hayan podido escribir sobre una madre que se nos fue.
El tópico de ser nuestra mas universal embajadora nunca ha dejado de ser verdad. Chipiona es en España y en el mundo otra cosa después de aparecer Rocío Jurado en escena. Desde su aparición Chipiona dejó de ser aquel pueblo de marineros y viñedos, olvidado del mundo y casi en el último confín. A partir de ella se decía Chipiona y a continuación Rocío Jurado. Se decía Rocío Jurado y a continuación Chipiona. Nunca una artista de sus características elevó tanto y a tan buen nivel el nombre de su pueblo.
Cuando no la conocía nadie, el Ayuntamiento de Chipiona le negó una beca de estudio para marcharse a Madrid. Eran ocho mil pesetas que finalmente se las prestó su abuelo. En una miopía absoluta y en un frío papel se le comunico que la institución municipal no tenía fondos para los estudios de folklore. Muchos de ellos se hicieron fotos con ellas años después. A mí me hubiera dado vergüenza. Ella nunca tomó importancia de este hecho y pronto olvidó este episodio y siempre habló bien de su pueblo y de su ayuntamiento. No se puede evaluar en euros la campaña de publicidad que Rocío Jurado hizo de su pueblo en toda su carrera. Incluso sin saberlo cuando cantó “El clavel” defendía uno de los valores económicos más importantes de Chipiona. Roció y Chipiona. Chipiona, Rocío y su Virgen de Regla. Nunca se perdía esa cita obligada cada 8 de septiembre en esa renovada acción de gracias que cada año le tributaba a su patrona. Este año pasará la imagen de la Virgen a las puertas de su chalet “Mi abuela Rocío”. Nadie se percatará pero a buen seguro que se darán un beso de amigas y un abrazo. Detalles de mujeres sencillas. Como lo fue siempre Rocío a pesar de haber paseado escenarios por todo el mundo. A pesar de ser recibida por mandatarios y embajadores. A pesar de ello Rocío disfrutaba barriendo la puerta de su chalet de madrugada, a la única hora en la que podía hacerlo sin que la molestasen. Aquella Rocío que ya famosa soñaba con poder comerse un cartucho de pipas entre los ecualiptus de Villacañas. Nunca dejó de ser esa muchacha sencilla que un día marchó de Chipiona con una mano delante y la otra detrás. Nunca dejó de querer a su pueblo. Así lo cantaba, “y es que te quiero tanto /pueblo mío, / que donde quiera que vaya/te llevo conmigo…”
Se nos fue Rocío pero sólo hasta luego.