miércoles, 23 de enero de 2013

Ana Pomar Aláez, la historia de una heroína desconocida para las nuevas generaciones.-


 

Perdió a su marido tras la represión del 18 de julio de 1936 y expuso su vida en defensa de los valores democráticos.-

El Ayuntamiento le va a reconocer su trayectoria con la rotulación de una calle.-

Por Juan Mellado

De un tiempo a esta parte la sociedad chipionera está  reconociendo el papel de nuestras mujeres en la reciente historia de la localidad. Así lo demuestran las nominaciones de calles a mujeres aprobadas por el Consistorio en los últimos años.  En el último caso figura el de Ana Pomar Aláez, un personaje olvidado por el inexorable paso del tiempo y la ignorancia de muchos.

Por ello puede resultar interesante acercarnos a una mínima parte de su atrayente biografía

Ana Pomar Aláez (1900 Sahagún de Campos-León), Chipiona (1985).

Nació a comienzos del convulso Siglo XX en la localidad leonesa de Sahagún de Campos. El destino la llevó a Chipiona en 1928 como Jefa de Cocina de los Condes de Colombí.

Es en esta época donde conoce a quien sería su marido Francisco Montalbán, Panchito, del que se enamoró y con quien se casaría  entre 1929 y 1930. Producto de ese matrimonio nacerían cinco hijos, dos varones (Francisco y Alejandro) y tres hembras (Dolores, Margarita y Victoria).

Panchito ya había tenido un matrimonio anterior con una afamada dama de rancio abolengo y del que consiguió la nulidad eclesiástica por no haberse consumado la unión. Este hecho marcaría el destino final de Panchito.

Según su hijo Francisco, Franchi, su padre tenía afiliación como socialista pero no llegó a ser concejal. Cuando fue asesinado encabezaba una lista de conjunción republicana socialista para el Ayuntamiento de Chipiona. De profesión Perito Mercantil, Panchito dominaba cuatro idiomas: alemán., inglés, francés y español.

Al estallar el golpe del 18 de julio de 1936, Francisco Florido Bueno, el Inglés, le ofreció irse a Inglaterra con él, lo que Panchito desechó por quedarse con su mujer y sus hijos. Este hecho de valentía y de amor a la familia le marcó su destino final.

El matrimonio modelo de Ana y Panchito con su prole de cinco hijos, el nivel cultural de éste y su filiación política concitaron no pocos odios políticos y personales entre las fuerzas de la reacción que planearon su asesinato. Según parece se baraja la hipótesis de que Panchito hubiera logrado salvar su vida, por los numerosos contactos e influencias que tenía, si las acusaciones fuesen sólo de origen político pero un empecinamiento personal dio con este hombre honrado en el paredón.

Tras el golpe una madrugada los sublevados vinieron a buscarle a su casa de la actual calle Del Castillo y lo llevaron detenido  a un calabozo de las Cuatro Esquinas de triste recuerdo para los chipioneros.

El 17 de septiembre de 1936 sería una fecha fatídica para Ana Pomar ya que ese día sería fusilado Panchito junto a otros dos chipioneros en la tristemente recordada Cuesta Blanca en el término municipal de Sanlúcar de Barrameda. Tras este hecho es cuando la figura aguerrida de Ana Pomar toma fuerza y se gana a pulso que sea recordada y homenajeada por la sociedad chipionera.

Tras enterarse de este hecho salió corriendo desde Chipiona hasta el lugar al que llegó a pie, a tiempo de recoger los restos de su marido y enterrarlo en el cementerio de Sanlúcar de Barrameda. Al morir Ana en 1985 sus restos fueron unidos definitivamente a los de su mujer en el cementerio de Chipiona

Tras morir Panchito comenzó el calvario de Ana Pomar como mujer y como madre. Tuvo que luchar duro para sacar adelante a sus cinco hijos.

La primera represalia fue el intento de las autoridades de confiscarle todos los bienes, pero Ana movió resortes y supo superar este primer envite.

Para ganarse la vida Ana Pomar instaló una carbonería y tan solo por ello el alcalde de la época la quiso meter en la cárcel y mandar los hijos a un hospicio para reeducarlos. Enterada de esta intención Ana Pomar se presentó en el Ayuntamiento acompañada  de sus cinco hijos y con una frase por delante: “Donde yo vaya van mis hijos”. Algo debió de remorderle la conciencia a la autoridad que permitió finalmente que Ana se marchase.

A continuación Ana montó una tienda de comestibles en la calle de Isaac Peral. Su hijo Franchi recuerda como esta mujer fiaba a los clientes en esta época de necesidad sin importarle el plazo para el cobro.

Más tarde, allá por 1940, abrió una casa de comidas y entre sus muchos clientes no faltaban guardias civiles. En este establecimiento montado en su propia casa, Ana protagonizó un gran hecho de valentía que pudo haberle costado la vida.

Un determinado día, un guardia civil se aprestaba a encender un espléndido puro tras terminar la comida. Franchi que ya era un zagalón y en una travesura propia de esa edad, con un improvisado tirador le dio tal chinazo que el puro salió por los aires.

Movido como un resorte el guardia civil fue tras el travieso niño que se metió en el dormitorio para escapar al menos de un bofetón. Ana que no perdió detalle se interpuso entre la entrada al dormitorio y el guardia conminándole a que no entrase ya que la estancia pertenecía a su intimidad. La fuerza moral y la valentía con la que Ana se enfrentó al guardia hizo que éste finalmente desechase la idea de coger al niño.

Afortunadamente fue así porque de lo contrario, de haber entrado el perseguidor en el dormitorio, las consecuencias hubieran sido fatales para Ana porque allí mismo permanecían escondidos los líderes políticos Cosme Mellado Caro y José Mellado Domenech, quienes por sus actividades estaban en busca y captura por la guardia civil.

Cosme y José permanecieron escondidos en casa de Ana durante dos meses. Tiempo en el que Ana los asistió e alimentó con riesgo de su vida . Demostró que muchas veces no hay que coger un fusil para protagonizar un hecho heroico.

Cabe reseñar que durante estos dos meses ideó un sistema para que Cosme pudiese hablar con su mujer sin ser visto. Así Ana y Regla, se ponían en la calle junto a la ventana en supuesta animada conversación, mientras realmente Cosme tras la persiana hablaba con su mujer. Ana una vez más se exponía al peligro.

Ana siguió en toda la década del 40 y después ayudando a los necesitados en hechos que no desvelamos aquí a petición de sus familiares.

Es de justicia aunque pueda parecer tarde el resaltar el valor de esta gran mujer de la posguerra, viuda y con cinco hijos huérfanos, a quien no le importó seguir ayudando a los demás como símbolo de las miles de mujeres que hicieron lo mismo en toda España.

Fuente: Elaboración propia de Juan Mellado a partir del testimonio de Francisco Montalbán, Franchi.

 

 

 Francisco Montalbán Muñoz: Reseña

Francisco Montalbán Muñoz, apodado "Panchito", Natural de Chipiona, de treinta y seis años de edad, De profesión comerciante, Casado con Ana Pomar Aláez y con cuatro hijos, Desde los primeros momentos de la Segunda República destacó como líder socialista, dando mítines políticos como el realizado en el cine-teatro Avenida, junto al orador socialista de Jerez, Antonio Roma Rubíes.

 

 Fue fusilado el 17 de septiembre de 1936 en la carretera de Sanlúcar a Chipiona a la altura de las palmeras de Cuesta Blanca, Al enterarse su mujer de su muerte corrió descalza al grito de /asesinos/,

Contamos con el testimonio de Manuel Díaz Lorenzo: "[", apreciando a simple vista y sin tocar los cadáveres, que presentaban heridas, al parecer de armas de fuego y con hemorragias ", realizado para que posteriormente se inscribiese a sus hijos en el Censo de Huérfanos de la Revolución y de la Guerra en 1946.

 Sus bienes fueron confiscados, según consta por orden general del Ejército del Sur de fecha 13 de octubre de 1936 junto con los informes de la Comisión Gestora Municipal.
 
 

 

Fuente: Luces y Sombras de la Historia de Chipiona. Segunda República, Guerra Civil y Represión Militar.

Sebastián Guzmán Martín.

 

 

 
 

 
 

 
 

 
 

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