viernes, 7 de agosto de 2009

José Lerchundi.


Por Manuel Jurado Domínguez.


A.- QUIEN FUE EL P. LERCHUNDI

José Lerchundi, a quien en nuestro pueblo conocemos por P. Lerchundi, había nacido en el costero y pintoresco pueblo guipuzcoano de Orio, el 24 de febrero de 1.836.

Soplaban por entonces vientos de guerras carlistas. Sin embargo, Josechu, a sus quince años y mientras hacía sus estudios, ya le rondaban en su cabeza sueños misioneros. Después de su paso por el Santuario de Ntra. Sra. de Aránzazu, a los veinte años, ingresa en el Colegio Misionero de Priego (Cuenca), donde pide el hábito de la Orden franciscana, profesa y es ordenado sacerdote en el 1.859.

En enero de 1.862, sin cumplir aún los veintiséis años y con una salud quebradiza, entra el P. Lerchundi en Marruecos por Tánger. Sería en esta ciudad donde fallecería, el 8 de marzo de 1.896, a los sesenta años de edad y después de treinta y cuatro de trabajo misionero, ejercido con celo y prudencia, y de prestar grandes servicios a la Iglesia, a España y al Imperio Magrebí.

Sin duda fue el misionero más egregio que tuvo la Misión desde su restauración en 1.859, en la que ocupó los cargos de máxima responsabilidad. Erigió escuelas para europeos e indígenas, creó estudios de árabes para los misioneros, de los que salieron esclarecidos arabistas. Restableció las casas-misión de Larache, Safí, Rabat, Casablanca y Mazagán. El mismo estudió el árabe que dominaba a la perfección, del que publicó una Gramática y un Diccionario que le convirtieron en uno de los mejores arabistas españoles. A él se le debe también la fundación de la imprenta hispano-arábiga de la misión, la creación de una barriada de “casas baratas”, del Hospital Español, de la Escuela de Medicina, de la “Cocina Económica”, etc.

Ya en el 1.867 el Nuncio Apostólico de S.S. en España le escribía con motivo de una concesión especial diciéndole: “V.R. bien se la merece, por el constante celo que desde varios años ha prestado diligentes servicios a la Misión”.
Diez años más tarde, en 1.889, la Congregación de Propaganda Fide le nombró Prefecto Apostólico de toda la Misión de Marruecos y aunque dicho nombramiento produjo ciertas complicaciones diplomáticas entre la Santa Sede y el Gobierno Español, por lo que hubo de retirarse al Colegio de Misioneros de Santiago de Compostela, donde desempeña el cargo de Rector por unos meses, arreglada la controversia diplomática, el P. Lerchundi volvió a Marruecos, donde gobernó la Misión hasta su muerte.

Diplomático insigne y amigo personal del sultán Muley Hassan, fue protagonista de la política española en Marruecos, participando en varias embajadas. Obra suya fue la preparación y realización de la importante embajada que dicho sultán envió a León XIII en 1.888 y que dio a España gran prestigio.

Sus obras y su fama la llevaron a ser correspondiente de la Real Academia Española (1.874), socio honorífico de la Sociedad Española de Africanistas y Colonistas (1.884) y condecorado con la Encomienda de número de la Real Orden de Isabel la Católica.


B.- EL PADRE LERCHUNDI Y CHIPIONA


Junto a esta actividad relacionada con la Misión de Marruecos, todavía tuvo arrestos el P. Lerchundi en sus venidas y estancias en Chipiona para acometer dos grandes obras en nuestro pueblo: La restauración del antiguo Monasterio agustino de Ntra. Sra. de Regla en 1.882 y junto con su gran amigo el Dr. Tolosa Latour, la construcción del Sanatorio Marítimo de “Sta. Clara” en 1.892.

En cuanto a la restauración del Monasterio de Regla hay que tener en cuenta las medidas adoptadas por los gobiernos liberales de España en la primera mitad del s. XIX, que desembocaron en los decretos de exclaustración y supresión de las Ordenes religiosas. Estas decisiones asestaron un golpe mortal a las misiones, que se nutrían mayormente del personal de dichas Órdenes.

La situación comenzó a tomar otro rumbo cuando, a mediados de siglo, el Gobierno de Madrid vio que para mantener su influencia e intereses en algunas zonas del mundo, éstos estaban vinculados a la presencia y acción de los misioneros. Este era el caso de Marruecos y Tierra Santa. Por ello decide colaborar con la Iglesia creando un colegio de misioneros franciscanos, en nuestro caso. En 1.856 se escoge primero el convento de Priego (Cuenca), que pronto quedaría pequeño, por lo que hubo de trasladarse a Santiago de Compostela. Al aumentar las necesidades de estas misiones, se piensa crear un nuevo Colegio de misioneros.

Era el año de 1.877 y acababa de ser nombrado Prefecto de la Misión, el P. Lerchundi. A él se le encarga hacer las diligencias oportunas para el proyecto. Después de varias gestiones en Andalucía y el levante español, sabedor de que Chipiona existía un histórico Convento-Santuario que en tiempos pasados fue de la Orden de San Agustín, quiso supervisar su estado. Una grata impresión debió llevarse el P. Lerchundi de su primera visita al Santuario de Regla.
El edificio de hallaba en relativas buenas condiciones ya que había sido restaurado en parte a la merced, piedad y liberalidad de los Infantes de Montpensier, pareciéndole muy apropósito para la fundación.

De inmediato informó favorablemente al Gobierno de Madrid y gestiona la autorización con el Arzobispo de Sevilla. El 17 de enero de 1.881, el Nuncio de S.S. decretaba la erección canónica del nuevo Colegio de Misioneros con destino a Marruecos y Tierra Santa. El mismo P. Lerchundi ultimó las obras precisas y los trabajos de reparación más urgente del antiguo Monasterio. Finalmente, solicitó a los superiores de la Orden Franciscana el personal religioso necesario. Pronto llegó a un acuerdo con el Rector del Colegio de Santiago de Compostela. El 25 de agosto de 1.882, salieron por mar, desde Santiago, la expedición de veintitrés religiosos que desembarcaron el día 29 en la playa de Regla. Sería el primer plantel de misioneros franciscanos de este nuevo Colegio, quienes al llegar entonaron la Salve a la Señora de Regla, agradecidos a la dicha singular que les concedía de poder vivir en el Santuario de tan venerables recuerdos. El 8 de septiembre, festividad de la Virgen, se procedería a inaugurar oficialmente el Colegio con un solemne pontifical, procesión y “Te Deum” de acción de gracias, con gran concurso de fieles chipioneros y de pueblos limítrofes.

Al fin, el P. Lerchundi, había logrado la realización de uno de sus sueños: el Colegio misionero de Regla, que con el tiempo se convertiría en cabeza de la Provincia Franciscana de Granada de nuestra Ntra. Sra. de Regla, que durante más de cien años ha surtido de misioneros a Marruecos y Tierra Santa.

La otra gran obra en Chipiona a la que el P. Lerchundi consagró los últimos años de su vida fue la colaboración decidida que presto a su gran amigo el Dr. Tolosa Latour en la construcción del Sanatorio Marítimo de Santa Clara, primera obra en su género en España.

El Dr. Tolosa había nacido en Madrid en 1.857. Catedrático de Pediatría, era un decidido protector de la niñez, mereciendo ser apellidado “Medico de la infancia” con su política de “pan y besos”, cualidades que compartía con el P. Lerchundi, a quien en Marruecos se le conocía con el sobrenombre de “Padre de los pobres”.

Era aquella época en que las epidemias del tifus, cólera, peste y paludismo causaban estragos, particularmente en los niños. España se preparaba para celebrar con esplendor y pompa el cuarto centenario del descubrimiento de América. Y mientras unos pensaban celebrarlo con fuegos de artificio, otros creían mejor hacer una obra de utilidad permanente en favor de la infancia. Entre estos últimos estaba el Dr. Tolosa.

Fue entonces cuando providencialmente ambas personalidades se encontraron. Estaba el Dr. temeroso de que la ocasión se esfumara y pide ayuda al P. Lerchundi:
- ! Ay, padre, si yo tuviera vuestros hábitos ¡
Al P. Lerchundi le falto tiempo para ponerse a su disposición diciendo:
- Pues aquí tiene uno, con un pobre fraile dentro, (1).

Hablan del proyecto y de su posible ubicación. Para sacarlo adelante, llegaron a la idea de recurrir a una suscripción nacional en la que el P. Lerchundi se encargaría de que fuese encabezada por la mismísima Reina-regente Dña. María Cristina, a la que se le escribe con fecha de 2 de septiembre de 1.892 lo siguiente: “Trátase, Señora, de crear en España la humanitaria institución de Sanatorios Hospicios Marítimos para combatir la escrófula y el raquitismo... No ignora V.M. que casi todas las naciones cultas de Europa existen establecimientos de este género... sólo España, que cuenta con playas tan hermosas, carece de estas fundaciones... Le prometí ( al Dr. Tolosa) mi débil ayuda, así como dirigirme respetuosamente a V.M. recomendándole eficazmente una obra tan beneficiosa y patriótica, confiando en que se dignara aprobarla y acogerla bajo su real protección... pareciéndole a dicho señor y pareciéndonos también a nosotros, los franciscanos, que no podríamos conmemorar de manera más digna el gran acontecimiento del descubrimiento de América”. (2).



En la carta se puede observar la fe en el proyecto y la mano izquierda del P. Lerchundi para apoyar a su amigo el Dr. Tolosa Latour. La contestación de S.M. fue positiva, aunque no todo lo que esperaban ellos: “Puede estar seguro que no dejaré de ningún modo de contribuir con un donativo... a la benéfica obra”.

Aunque el 12 de octubre de 1.892 se había colocado la primera piedra, la obra se movía en un mar de dificultades económicas, como lo prueba el hecho de que el P. Lerchundi llegase a ofrecer el importe de la venta de sus obras en árabe para la construcción del Sanatorio.

Pero tras largas y laboriosas gestiones de ambas personalidades, el Sanatorio “Santa Clara”, como se ha llamado hasta nuestros días, se inauguraba el 12 de octubre de 1.897, fiesta que presidió el Dr. Tolosa Latour, y que gozoso contemplaría, ya desde el cielo, el P. Lerchundi.

Reconociendo la personalidad y obra del P. Lerchundi, nuestro pueblo de Chipiona agradecido y representado por su Ayuntamiento, le nombró con el doble título de “Hijo Predilecto y Adoptivo” de la villa en 1.892. Posteriormente aprueba rotular con el nombre de “Padre Lerchundi” una de sus céntricas calles. Y el 8 de agosto de 1.948, por suscripción popular y con la colaboración del Ayuntamiento, se le levanta un monumento a su gloriosa memoria en la Explanada del Santuario de Regla.



(1) F. del Buey y M. Vallecillo “Santa María de Regla”, Jerez 1.984.
(2) P. José Mª López “El Padre Lerchundi”, Madrid 1927.
Colaboran: P. Celestino Pinilla y J. Luis Naval Molero



ESCRIBE: MANUEL JURADO DOMINGUEZ
Investigador de Historia Nº 500/97

1 comentario:

__MARÍA__ dijo...

Interesantísimo este post.