miércoles, 24 de abril de 2013

José Manuel Caballero Bonald, un hombre indómito



Compromiso y literatura.-
Por Juan Mellado
Con motivo de la celebración del Día Internacional del libro ,el pasado 23 de abril fui invitado por la Concejalía de Cultura y su Biblioteca Pública Municipal a disertar sobre el escritor José Manuel Caballero Bonald. Nuestro recién Premio Cervantes fue homenajeado con la conferencia titulada “Caballero Bonald, un hombre indómito” en la que hice referencia a su  compromiso social y su fidelidad a sus ideas de izquierda, pero también a su pasión por el vino, por el flamenco, por Doñana. Reivindiqué el reconocimiento de su vinculación con Chipiona, la presencia de Montijo, donde tiene casa, en su inspiración literaria o su Pregón del Moscatel y reclamé que se perpetúe su nombre en el callejero local.
Este es el texto de la conferencia:
 
En este país tan dado a homenajear a los hombres y mujeres de la cultura  ya muertos, aunque afortunadamente cada vez menos, es una grata noticia, un magnífico acontecimiento, que la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía haya querido hacerlo en la figura de un autor vivo y bien vivo, como es José Manuel Caballero Bonald, en la coincidencia del Día Internacional del Libro y en la misma fecha en la que el novelista, ensayista y poeta jerezano recibe el Premio Cervantes.
 Les prometo que en mi intervención no voy a cansarles con su interesante biografía o en la enumeración de obras y premios recibidos, datos que ya están en los manuales,  internet y, sobre todo, en la interesante página de la Fundación que lleva su nombre.
 
Tan sólo me voy a limitar a pronunciar unas reflexiones apresuradas sobre su forma de entender la vida a través de sus obras y de su quehacer personal y compromiso con la sociedad en  la que vive.
 El título de mi intervención, José Manuel Caballero Bonald, un hombre indómito, no es producto de la casualidad  ni tan siquiera como un efecto literario para llamar la atención. Caballero Bonald indómito, pero no en el sentido más primitivo del término sino desde su compromiso social como antes apuntaba. Es indómito tal como lo fuera Marcelino Camacho cuyas palabras acuñadas ya figuran en la historia del movimiento obrero," Ni nos domaron, ni nos doblaron ni nos van a domesticar".
 Así es Caballero Bonald, un hombre fiel a sus ideas de izquierda sin descafeinar, libre, crítico, visceral, mujeriego, bebedor de manzanilla, andaluz y universal.
 Es Caballero Bonald uno de los últimos representantes que queda vivo, quizás el único, de la triste Generación Literaria del 50. Una generación que en la mayoría de las veces enjugaba sus penas en vino y que algunos maledicentes apodaban de “alcohólica”. Caballero Bonald sigue bebiendo vino. Manzanilla y oloroso, elixires que le mantienen vivo y alivian su gota.
Por eso en su obra no faltan bastantes alusiones al vino al que frecuentemente homenajea. No faltan tampoco en su obra homenajes literarios al mundo de las meretrices, a su compromiso político, a la tierra que lo viera nacer junto a su Argónida trasunto de Doñana o a sacar jugo de sus ricas vivencias personales.
 
Es además Caballero Bonald un flamencólogo excelente cuyo botón de muestra fue el interesante disco de José Mercé, Bandera de Andalucía, en el que todos los temas son letras del poeta amigo y paisano.
 Es su mejor valor además, su mejor marchamo, su mestizaje. Jerezano, hijo de Plácido Caballero, cubano de madre criolla y padre santanderino, y de Julia Bonald, perteneciente a una rama de la familia del vizconde de Bonald, filósofo tradicionalista francés, radicada en Andalucía desde mediados del S.XIX . Este mestizaje lo va a consagrar como ciudadano del mundo reivindicando ese ser frente a la mal llamada pureza de la raza.
 
Sobre él se ha escrito y se escribirá mucho, un servidor se va a limitar a plasmar algunas consideraciones personales y literarias y su relación con esta zona de Doñana que nos rodea.
 Es José Manuel Caballero Bonald un hombre de principios. Un hombre que sabe lo que dice y dice lo que sabe cuando le da la gana. Como también escribe cuando le apetece. “Escribo cuando tengo ganas, no me pongo a las 9 de la mañana en una mesa como si me vigilara un jefe de negociado”.

El ser fiel a sus principios le costó  la cárcel durante el régimen franquista. Defensor del Estatuto de Autonomía para Andalucía en 1980. De espíritu viajero y combativo, esa misma fidelidad a sus ideas le ha cerrado puertas en más de una ocasión. Morirá diciendo las verdades del barquero e incluso al igual que Larra o Espronceda no le importaría batirse en duelo por una cuestión de honor o de ideas, a la vieja usanza.
Le han dado el Premio Nacional de las Letras y ahora el Cervantes  porque ya era escandaloso desde que le negaran su asiento en la Real Academia de la Lengua, tras el  presunto veto de Camilo José Cela por una cuestión personal y por su excelente biografía contestataria. Culminaría una brillante carrera con la obtención del Premio Nobel de Literatura. Que no se preocupe. Todo llega.
Uno de los valores que me atrae del escritor es su reivindicación de la Incertidumbre como refleja en su libro de poemas “La noche no tiene paredes”. En sus propias palabras: “El que no tiene dudas, el que está seguro de todo, es lo más parecido que hay a un imbécil”.
 
Este nuestro Premio Cervantes, Nacional de Literatura o Medalla de Oro e Hijo Predilecto de Andalucía, no ha sido suficientemente bien valorado en Chipiona. Intuyo que más bien por desconocimiento que por otra cosa y por eso es cuestión a partir de ahora de poner en valor.
 Que un personaje de estas características haya sido Pregonero del Festival del Moscatel 2001, haya elegido además la zona de Montijo como lugar de descanso o retiro espiritual y frecuente cuando puede nuestros bares, es todo un acontecimiento que Chipiona no puede dejar pasar y debería perpetuar su nombre en el callejero.
Precisamente en ese espléndido pregón dijo de nuestra zona de Montijo:
“Allí vivo, allí escribo, allí veo pasar la primavera y el verano, hasta allí me llegan los efluvios vinateros y marítimos de esta villa eminente y me alumbran los destellos de su faro ilustre. Dice un proverbio latino que la patria es lo que se ve desde la ventana de la casa donde uno vive feliz. De modo que esta es mi patria”.
 
No es ocioso recordar ahora una  interesante charla coloquio que en un lejano 8 de marzo de 1994 nuestros compañeros de Radio Chipiona, Cristóbal Ruiz y Rafa Guerrero mantuvieron en el Bar Paquito con el mismo José Manuel Caballero Bonald, Joaquín Márquez y el recordado Manuel Vidal. La llamada Santísima Trinidad del Vino del que son acérrimos defensores .

Cabe recordar que hace poco dijo,  “una de las cosas que echo de menos es la barra del bar como centro de la vida”.
También ha recordado recientemente que cuando salía con su amigo Ángel González, “podíamos estar una hora acodados en la barra de un bar sin hablar, el silencio es también una buena palabra”.
 
Bien, pues como le decía, en aquella ocasión nuestros compañeros le presentaban a Caballero Bonald un viejo libro de la Biblioteca Pública Municipal para su dedicatoria. “La vejez del libro sólo es comparable a la vez del autor, es la primera edición de Dos días de Septiembre, de 1962, y me emociona porque nunca piensa uno que se va a encontrar un libro ya tan desgastado con el paso del tiempo. La experiencia del lector coincide un poco con la del autor porque este tipo de reencuentros con un libro tan viejo me hace sentirme también viejo”.

Caballero Bonald era abordado por la influencia del rincón de Montijo, de Chipiona y Sanlúcar de Barrameda, como territorio de inspiración literaria y línea argumental de su obra. “El territorio de la literatura es el de la infancia, de la adolescencia, de esa etapa de la vida donde uno comenzó a hacerse hombre y yo me hice en torno a esta costa y al Coto de Doñana, claro, si aparece mucho en mi literatura es porque yo viví aquí de niño muchas experiencias inolvidables que intento recuperar a través de la literatura, yo creo que el escritor siempre trabaja con la memoria. La memoria es el fundamento, la raíz esencial de todo lo que escribo, no podría escribir si tuviera amnesia. Yo lo que hago cuando escribo una novela es recordar cosas que he vivido por aquí, eso para mí es un acicate, porque toda mi obra está impregnada de esa infancia y primera juventud”.

Abundaba más el autor de Campo de Agramante sobre las bondades de nuestro paisaje cercano. “Este maravilloso paisaje, es sereno, apacible, sin ningún tipo de exceso decorativo, pero además es un paisaje cultural. Yo cuando miro la desembocadura del río desde Montijo o desde Sanlúcar pienso que es un paisaje cultural. Aquí ocurrieron muchísimas cosas a través de la historia. Esto cuando la carrera de Indias era un ajetreo constante de idas y venidas de América. Luego también está todo eso de Tartessos y el mundo árabe y ese paisaje me apasiona y me siento vinculado al paisaje cultural incluso más que al físico”.

Sobre el lector destinatario de los libros que escribe un escritor, Caballero Bonald afirmó que el autor no piensa nunca en los destinatarios. “A lo mejor a sólo una persona que uno quiere que lo lea para que lo quiera más. Nunca hay un público concreto al que uno se dirija. Yo siempre me dirijo al lector que bebe manzanilla, es una forma muy indicativa”.
 
Se extendió sobre las propiedades curativas de la manzanilla. “Yo cuando tengo gota  se me quita  tomando una dosis estimable de manzanilla. Cuando vuelvo a Madrid los ataques de gota son más frecuentes. Además la manzanilla es un vino muy noble, muy franco, no te engaña nunca, eso es lo importante porque uno puede beber por largo y al día siguiente estar con muchas ganas de beber manzanilla”.
 
No se olvidó tampoco del moscatel, del que luego sería brillante pregonero en el 2001, y afirmó que necesitaba un empuje publicitario mayor, “porque es superior a cualquier otro vino dulce que se fabrique en Andalucía”.

En torno a la afición por el vino de su generación literaria, la del 50, Caballero es claro. “Ocurrió que en la inmediata posguerra realmente no había otras posibilidades de empezar a vivir sino a través del vino, esa es la verdad, no había otra escapada. Entonces nosotros aportamos un talante nuevo en la forma de vivir y de beber. Éramos un grupo de amigos que al mismo tiempo empezaba a trabajar políticamente, pero que también empezaba a sentir vitalmente la necesidad de beber”.
Concluía Bonald :” Es Chipiona y su entorno un sitio donde hay tiempo para todo, para pasear, para trabajar e incluso para perderlo”.

Añadidos:
“Quien tiene prisa en escribir se convierte en un amanuense, en un escribiente”
“Una nueva manera de vivir y de beber”(La Generación del 50)
Ha dicho de él su amigo y poeta Luis García Montero que “es un infractor, un desobediente, crítico con los dogmas y practicante de una rebeldía cívica.
 
Sobre el momento actual: “Ahora la gente ya no cree en nada ni en nadie, hay mucho gregario y mucho sumiso, los corruptos se alían con los corruptos, las ideologías se fueron al carajo, los políticos andan  todo el día diciendo cosas que ellos mismo saben que es mentira. Ya solo sobreviven las manipulaciones del poder financiero”
 
“El que se ha salvado de tres naufragios se puede volver inmortal y no quiero tener el tercero”.
“La gran literatura está hecha por desobedientes”
 
“No hay mucha gente desobediente ahora, he sido siempre enemigo acérrimo de la sumisión, del gregarismo”
Su rebeldía cívica le lleva a criticar los dogmas y las verdades hechas.
 
“La escritura necesita un reposo, una elaboración lenta, como los vinos.
 
“La escritura es como una mezcla de angustia, de excitación y de placer”
 
 
“La edad es un serio castigo que uno debe ir superando”
 
“La Generación del 50 aportamos a la literatura española una nueva forma de vivir y de beber”
 
“La incertidumbre es un estímulo, un sentido que nos hace buscar la verdad”
 
“La lectura es un ejercicio absolutamente necesario para ver crecer las sensibilidades de la gente”

miércoles, 23 de enero de 2013

Ana Pomar Aláez, la historia de una heroína desconocida para las nuevas generaciones.-


 

Perdió a su marido tras la represión del 18 de julio de 1936 y expuso su vida en defensa de los valores democráticos.-

El Ayuntamiento le va a reconocer su trayectoria con la rotulación de una calle.-

Por Juan Mellado

De un tiempo a esta parte la sociedad chipionera está  reconociendo el papel de nuestras mujeres en la reciente historia de la localidad. Así lo demuestran las nominaciones de calles a mujeres aprobadas por el Consistorio en los últimos años.  En el último caso figura el de Ana Pomar Aláez, un personaje olvidado por el inexorable paso del tiempo y la ignorancia de muchos.

Por ello puede resultar interesante acercarnos a una mínima parte de su atrayente biografía

Ana Pomar Aláez (1900 Sahagún de Campos-León), Chipiona (1985).

Nació a comienzos del convulso Siglo XX en la localidad leonesa de Sahagún de Campos. El destino la llevó a Chipiona en 1928 como Jefa de Cocina de los Condes de Colombí.

Es en esta época donde conoce a quien sería su marido Francisco Montalbán, Panchito, del que se enamoró y con quien se casaría  entre 1929 y 1930. Producto de ese matrimonio nacerían cinco hijos, dos varones (Francisco y Alejandro) y tres hembras (Dolores, Margarita y Victoria).

Panchito ya había tenido un matrimonio anterior con una afamada dama de rancio abolengo y del que consiguió la nulidad eclesiástica por no haberse consumado la unión. Este hecho marcaría el destino final de Panchito.

Según su hijo Francisco, Franchi, su padre tenía afiliación como socialista pero no llegó a ser concejal. Cuando fue asesinado encabezaba una lista de conjunción republicana socialista para el Ayuntamiento de Chipiona. De profesión Perito Mercantil, Panchito dominaba cuatro idiomas: alemán., inglés, francés y español.

Al estallar el golpe del 18 de julio de 1936, Francisco Florido Bueno, el Inglés, le ofreció irse a Inglaterra con él, lo que Panchito desechó por quedarse con su mujer y sus hijos. Este hecho de valentía y de amor a la familia le marcó su destino final.

El matrimonio modelo de Ana y Panchito con su prole de cinco hijos, el nivel cultural de éste y su filiación política concitaron no pocos odios políticos y personales entre las fuerzas de la reacción que planearon su asesinato. Según parece se baraja la hipótesis de que Panchito hubiera logrado salvar su vida, por los numerosos contactos e influencias que tenía, si las acusaciones fuesen sólo de origen político pero un empecinamiento personal dio con este hombre honrado en el paredón.

Tras el golpe una madrugada los sublevados vinieron a buscarle a su casa de la actual calle Del Castillo y lo llevaron detenido  a un calabozo de las Cuatro Esquinas de triste recuerdo para los chipioneros.

El 17 de septiembre de 1936 sería una fecha fatídica para Ana Pomar ya que ese día sería fusilado Panchito junto a otros dos chipioneros en la tristemente recordada Cuesta Blanca en el término municipal de Sanlúcar de Barrameda. Tras este hecho es cuando la figura aguerrida de Ana Pomar toma fuerza y se gana a pulso que sea recordada y homenajeada por la sociedad chipionera.

Tras enterarse de este hecho salió corriendo desde Chipiona hasta el lugar al que llegó a pie, a tiempo de recoger los restos de su marido y enterrarlo en el cementerio de Sanlúcar de Barrameda. Al morir Ana en 1985 sus restos fueron unidos definitivamente a los de su mujer en el cementerio de Chipiona

Tras morir Panchito comenzó el calvario de Ana Pomar como mujer y como madre. Tuvo que luchar duro para sacar adelante a sus cinco hijos.

La primera represalia fue el intento de las autoridades de confiscarle todos los bienes, pero Ana movió resortes y supo superar este primer envite.

Para ganarse la vida Ana Pomar instaló una carbonería y tan solo por ello el alcalde de la época la quiso meter en la cárcel y mandar los hijos a un hospicio para reeducarlos. Enterada de esta intención Ana Pomar se presentó en el Ayuntamiento acompañada  de sus cinco hijos y con una frase por delante: “Donde yo vaya van mis hijos”. Algo debió de remorderle la conciencia a la autoridad que permitió finalmente que Ana se marchase.

A continuación Ana montó una tienda de comestibles en la calle de Isaac Peral. Su hijo Franchi recuerda como esta mujer fiaba a los clientes en esta época de necesidad sin importarle el plazo para el cobro.

Más tarde, allá por 1940, abrió una casa de comidas y entre sus muchos clientes no faltaban guardias civiles. En este establecimiento montado en su propia casa, Ana protagonizó un gran hecho de valentía que pudo haberle costado la vida.

Un determinado día, un guardia civil se aprestaba a encender un espléndido puro tras terminar la comida. Franchi que ya era un zagalón y en una travesura propia de esa edad, con un improvisado tirador le dio tal chinazo que el puro salió por los aires.

Movido como un resorte el guardia civil fue tras el travieso niño que se metió en el dormitorio para escapar al menos de un bofetón. Ana que no perdió detalle se interpuso entre la entrada al dormitorio y el guardia conminándole a que no entrase ya que la estancia pertenecía a su intimidad. La fuerza moral y la valentía con la que Ana se enfrentó al guardia hizo que éste finalmente desechase la idea de coger al niño.

Afortunadamente fue así porque de lo contrario, de haber entrado el perseguidor en el dormitorio, las consecuencias hubieran sido fatales para Ana porque allí mismo permanecían escondidos los líderes políticos Cosme Mellado Caro y José Mellado Domenech, quienes por sus actividades estaban en busca y captura por la guardia civil.

Cosme y José permanecieron escondidos en casa de Ana durante dos meses. Tiempo en el que Ana los asistió e alimentó con riesgo de su vida . Demostró que muchas veces no hay que coger un fusil para protagonizar un hecho heroico.

Cabe reseñar que durante estos dos meses ideó un sistema para que Cosme pudiese hablar con su mujer sin ser visto. Así Ana y Regla, se ponían en la calle junto a la ventana en supuesta animada conversación, mientras realmente Cosme tras la persiana hablaba con su mujer. Ana una vez más se exponía al peligro.

Ana siguió en toda la década del 40 y después ayudando a los necesitados en hechos que no desvelamos aquí a petición de sus familiares.

Es de justicia aunque pueda parecer tarde el resaltar el valor de esta gran mujer de la posguerra, viuda y con cinco hijos huérfanos, a quien no le importó seguir ayudando a los demás como símbolo de las miles de mujeres que hicieron lo mismo en toda España.

Fuente: Elaboración propia de Juan Mellado a partir del testimonio de Francisco Montalbán, Franchi.

 

 

 Francisco Montalbán Muñoz: Reseña

Francisco Montalbán Muñoz, apodado "Panchito", Natural de Chipiona, de treinta y seis años de edad, De profesión comerciante, Casado con Ana Pomar Aláez y con cuatro hijos, Desde los primeros momentos de la Segunda República destacó como líder socialista, dando mítines políticos como el realizado en el cine-teatro Avenida, junto al orador socialista de Jerez, Antonio Roma Rubíes.

 

 Fue fusilado el 17 de septiembre de 1936 en la carretera de Sanlúcar a Chipiona a la altura de las palmeras de Cuesta Blanca, Al enterarse su mujer de su muerte corrió descalza al grito de /asesinos/,

Contamos con el testimonio de Manuel Díaz Lorenzo: "[", apreciando a simple vista y sin tocar los cadáveres, que presentaban heridas, al parecer de armas de fuego y con hemorragias ", realizado para que posteriormente se inscribiese a sus hijos en el Censo de Huérfanos de la Revolución y de la Guerra en 1946.

 Sus bienes fueron confiscados, según consta por orden general del Ejército del Sur de fecha 13 de octubre de 1936 junto con los informes de la Comisión Gestora Municipal.
 
 

 

Fuente: Luces y Sombras de la Historia de Chipiona. Segunda República, Guerra Civil y Represión Militar.

Sebastián Guzmán Martín.

 

 

 
 

 
 

 
 

 
 

sábado, 17 de noviembre de 2012

COMO UNA OLA


 

Por José María Fuertes


Me encuentro en Facebook esta foto que me emociona. La ha puesto Juan Mellado, el periodista maestro o maestro periodista. El que en los años de mis primeros discos cuidaba la cobertura informativa de este cantante en el que c...
reyó tanto y aún sigue creyendo, como si él presagiara que las mejores cartas aún no se han puesto sobre la mesa de esta partida que es vivir. Puede que quede un as en la manga, ¿quién sabe, ahora que escribo canciones con sabor a tiempo y se dirán con una voz que jamás tuve de sal y de oleajes y paz del horizonte?

Juan Mellado me acercaba a las buenas gentes de la costa de la luz a través de las páginas del Diario de Cádiz y del Diario de Jerez. Y a través de la radio, cómo no, la radio; la hermosa radio viva y verdadera por naturaleza, mucho más que la televisión, dónde va a parar.

Juan Mellado lo hacía todo desde Chipiona. Era nuestro lugar de encuentro para las entrevistas y las sesiones de fotos junto al famoso faro. Y fue allí donde me presentó a Rafa Guerrero, otro periodista de relevancia, el que está a mi izquierda en la imagen, y al que también debo gran apoyo y ayuda para hacer mis sueños realidad. Uno de ellos fue actuar en las fiestas del Moscatel.

Desde que era un niño había oído hablar de la presencia allí de los mejores artistas, lo mismo que en París acudían al Olympia. Quería curarme aquella vanidad de cantar en Chipiona y en el sancta sanctorum de su famosa feria; y era consciente de encontrarme entre quienes podían hacerlo posible. Ellos me alegaron el obstáculo que representaba poder pagar mi caché; pero el dinero nunca ha sido el gran móvil de mi vida. Salí a mi abuelo en eso, era la generosidad en persona. Estaba loco por cantar en Chipiona, a pocos días de salir la universal Virgen de Regla.

-¿Cuánto hay para mí? Pues ya está, que canto en el Moscatel.

Entre una lucha y otra, a través de una carrera tremendamente difícil -como todas las carreras musicales-, me estaba pasando lo mejor: tener amigos. A mí Chipiona me suena sobre todo a eso, a amigos, a grandes amigos como Miguel Gallardo, Marina Bernal, Miguel Caiceo, José Ignacio Mena y su mujer, Emilia…

Cada día y cada noche en Chipiona dan para tantas palabras como latidos. Son muchos. Aquel domingo en que me llevé en el coche de Marina Bernal a Laura y a Pepa, de la revista “Lecturas”, y no recuerdo ahora porqué, yo tuve que meterme por la puerta del maletero. No tuve precaución tomando el sol, no me puse crema protectora, y me tiré la madrugada con la barriga ardiendo como si fuera un horno calentando una pizza. También fue memorable una cena de todos con la popular y trianera Anselma (porque Anselma siempre es memorable). Y un desayuno con Rocío Carrasco. ¡Qué me gustaba, qué guapa! Pero, al verle en el cuello una señal de beso de aquellos que debe dar Drácula antes de darse un homenaje, presentí que ya la rondaba el que después resultó ser Antonio David. Y son inolvidables las inauguraciones oficiales de las calles dedicadas a Gracia Montes y a Juana Reina, moviendo Juan Mellado los hilos difíciles de los reconocimientos. Y la época de las tiendas de Miguel Gallardo y sus camisetas veraniegas, preciosas, que se las ponía todo el mundo. Y, sin ir más lejos, hace poco, la presentación de la novela “La última noche”, del médico Francisco Gallardo, en el castillo. Lo que nos pudimos reír para hacer ese viaje juntos Marga, Ana y Valle.

Mi querida Gracia Núñez hizo esa foto y otras. Yo no la tenía. Me queréis tanto que me dejasteis sin ella a la hora del reparto. Os la agradezco emocionado desde el sobresalto de contemplarla, al cabo del tiempo, como un espejo de mi suerte, mi inmensa suerte de haberos conocido haciendo el camino al andar con un buen puñado de ilusiones de cantante. Hemos de repetirla aunque sea irrepetible. Quiero que salgan con nosotros, cuando presente mi nuevo disco junto a mis hijas, Marta y María. Y que seamos seis, para llenarla de juventud y de futuro de más días en Chipiona, llamando a esa gran periodista que es Lola Rodríguez.

Y no tiene precio, amigos, que esta de aquel año, ante el mar, los tres felices, muy felices, me haya llegado en los momentos difíciles de España como si, mientras paseaba la playa de Regla, el ribete blanco de la espuma del agua me hubiera mojado los pies. Ha sido como una ola. Un abrazo. Pepe.

José María Fuertes

jueves, 23 de agosto de 2012

Reflexiones y razones para leer y releer “La última noche” de Paco Gallardo.-

Como la vida misma.-

Por Juan Mellado.-

Mis razones para leer y releer “La última noche” de Paco Gallardo, Premio Ateneo de Novela Histórica 2012, no están basadas en contenidos histórico-literarios o de crítica científica. Más bien son producto de una lectura desde el sentimiento y las sensaciones que me transmite este emotivo libro de Paco, médico, deportista, escritor y sin embargo amigo.

Dije también releer porque como los buenos libros cuando más se aprende es en su segunda lectura, al pararse uno de nuevo en cada párrafo y adquirir nuevos detalles antes no vistos. En esos detalles me baso para razonar y recomendar la lectura del libro.                                                                            

Mi primera impresión es lo llamativo de hacer protagonista de la historia a una mujer en una época en la que no se valoraba, lo que la engrandece máxime cuando ella reivindica el derecho a escribir sus memorias a escondidas y cuando Paco sabe magistralmente meterse en el alma femenina.

Es también el médico que escribe sobre una médico y que seguramente escribe sobre él mismo, salvando las distancias de género, trasladando su bonhomía al personaje de la protagonista Sara Avenzoar.

Muchas veces encuentras detalles en cualquier libro que de tanto repetir parece que carecen de trascendencia. En este punto me paro en el caso de los agradecimientos. Ahí es donde nos podemos perder o equivocar al no nombrar a personas, pero Paco Gallardo lo hace con quien lo tiene que hacer por derecho  propio, a su padre Francisco, “que habita en el séptimo cielo de mi memoria” y para María, su madre, para que sea eterna.

No tuve la suerte de conocer a su padre, pero a Doña María la admiro en su sinceridad aplastante.

Como de sinceridad está lleno el libro en cada párrafo que se desnuda para el lector.

Su personaje principal, Sara Avenzoar, dice:”Este manuscrito está destinado al olvido o al fuego voraz en el caso de ser descubierto”.

Efectivamente es una preocupación constante a lo largo de la historia, la quema de libros como ya se reflejara en la novela Fahrenheit 451 de Ray Brabdury y de la que Francois Truffaut hiciera una gran película.

Incluso en la sociedad actual y al ritmo que llevamos, pronto se podrá oír por ahí aquella noticia de “detienen en la vía pública a un hombre tras ser sorprendido leyendo, se le aplicaron agravantes al descubrirse que además era un libro”

Este problema no solo lo vivirá Sara, sino mucha más gente a lo largo de la historia a manos de sátrapas, dictadores, genocidas e ignorantes.

 Nuestra protagonista afirma además que “Los primeros recuerdos están grabados en la memoria con el color gris del miedo”. Otra constante de muchas sociedades en donde los aires de libertad brillan por su ausencia.

 
Aparece en el libro un personaje tan singular como Averroes que dice:

“Los músicos emiten sonidos al dictado de sus emociones y la magia surge cuando las notas provocan el mismo estado de ánimo en quienes las escuchan”

En mi opinión eso es lo que ha conseguido Paco Gallardo con su novela, trasladarnos su estado de ánimo, contagiarnos y emocionarnos.

También queda reflejado el mundo del vino. Así sobre el vino y la tradición dice el poeta y médico Abu Bakr:

“No es malo el vino sino el interior del hombre que lo bebe”

Lo que traducido en Román paladino es que el que es un hijo de la gran puta lo es con vino y sin vino. Además la gran diferencia entre un borracho y un imbécil, es que el primero se acuesta ebrio y se levanta fresco y el segundo no tiene solución.

Hace también aparición la fantasía. Así la esclava dice a la protagonista sobre su lejano país:      

“Hace tanto frío que las madres que paren en invierno retornan las criaturas a su vientre hasta que llega la primavera”   
Bueno, en la vida real las cosas son más prosaicas de lo que nos dibuja Sara Avenzoar en su historia. Precisamente tengo una buena amiga a la que los vecinos le daban las quejas por el porculo que daban sus sobrinos, unos niños muy traviesos.

Textualmente fue así: “Mira Regli dile a tu hermana que se meta los niños”... bueno ahí donde ustedes ya adivinan.
A lo que mi amiga Regli contestó con la cachaza que la caracteriza: “Mira fulanita, los niños son como los tapones de las botellas de champán pues una vez que salen no hay cojones de oso de volverlos a meter de nuevo”.

 

Aunque ambientada en el siglo XII, la novela contiene conceptos muy actuales, así el personaje Zubaydi dice”

“Los vestidos de una persona no lo enriquecen lo más mínimo cuando es poco lo que alberga el alcázar de su espíritu”

Sobre la realidad del poder dice Abu Bakr:

“Nada es más peligroso que un poderoso despechado”

Refleja además los atrasos y tabúes de aquella sociedad que podía bien ser la nuestra, como así aparece que nuestra heroína, Sara Avenzoar, tiene que enterarse de los secretos íntimos de la mujer tras leer el libro de Trótula.   

Por otro lado, la rebeldía de la protagonista no deja lugar a dudas:

“No había nada que me estimulara más que las prohibiciones de mi madre”.

Sara es culta, independiente, rebelde y crítica.

Contiene también el libro lecciones sobre lo políticamente correcto o las normas de sociedad. Es la realidad de la vida, lo que aquí llamamos la gran mentira. Así Abu Bakr le dice a su sobrina:

“No te preocupes princesa, te enseñaré a controlar tus emociones para que puedas hacer en esta vida lo que desees”

Sobre la vida, Sara desconocía además que en las reuniones de mujeres se podía decidir el destino de los caballeros más aguerridos como si fueran peones de un tablero de ajedrez.

Butayna, la esclava, remata: “El mundo es de las mujeres que aparentan obedecer a los hombres”

Es una novela también sobre el poder del lenguaje, así Sara dice:

“Comprobé que con la palabra se puede hacer más daño que con la punta de una flecha envenenada”

Es una novela que habla del ejercicio del poder  y de su coste:

“El poder agrieta la piel del alma”

Sobre la postura a tomar ante la profesión dice su abuelo cuando Sara es nombrada médico:    

“Nunca ocultes tu ignorancia tras la máscara de la importancia”

 Es una novela sobre el amor. En palabras de Sara:

“No busques el amor que no se encuentra, llega cuando tu corazón menos lo espera”

El amor es una batalla en la que no conviene poner en conocimiento del amado los resquicios por donde tu fortaleza puede derrumbarse”

Y una cita demoledora sobre las personas como por ejemplo cuando nombra a Averroes:

“Averroes se ocultaba sobre la máscara de la inteligencia para que el mundo no le hiriera más”

 El mundo de la sexualidad es a veces para mí tratado de forma jocosa, por lo menos eso me parece a mí desde la postura de un pícaro lector chipionero del Siglo XXI. La protagonista le pregunta a Averroes si existe el semen femenino:

“Aristóteles  lo niega y explica que el esperma del hombre es queso derretido por la temperatura del deseo, que se funda con la espuma que la mujer segrega con el placer”

Y ahí no me quiero extender más en las propiedades del requesón porque no quiero que confundan ustedes a Juan Mellado con Luis García Berlanga.     

 Habla también sobre la tragedia de ser honrado. Cuando el marido de Sara es enviado a la guerra por el califa, al despedirlo Sara se preocupa culpabilizándose:                               

“Me pregunté la causa por la que esta vida se ensaña con los que llevan en su corazón el diamante de la honradez”

En otro momento, es también demoledora sobre las habladurías de la gente:

“La gente que no tiene vida propia hurga en la de los demás para buscar consuelo de su propio fracaso”

Aparece además la palabra quemada¨

“Cuando Averroes llegó a Córdoba, sus  libros fueron quemados para general escarmiento a las puertas de la mezquita. La palabra quemada solo trae desgracias” (Abu Bakr)

 

Reflexiones sobre cómo se muestra la vida ante todos nosotros:

“He visitado nuestra casa y me ha entristecido verla, se ha convertido en un jardín de escombros y muros derruidos. Sentí pena en mi corazón. Acaso la vida sea solo eso, contemplar cómo se van derrumbando las cosas que nos han rodeado”

 
Conclusiones Finales:

Me llamó mucho la atención la existencia en la novela de LA CASA CONTIGUA:

“Era conocida  como la casa contigua porque en ella habitaban hombres y mujeres, de distintas edades, clase y condiciones, que se habían apartado al lado contiguo del mundo para ser felices”                       

 
 En la realidad muchos vivimos también en esa casa contigua ante la falsedad del mundo que no rodea, es nuestro último refugio porque como bien dice nuestra Sara “LA VIDA ES LO QUE NOS PASA Y NO LO QUE DESEAMOS QUE NOS OCURRA”.

 


Francisco Gallardo.-

Francisco Gallardo Rodríguez es médico de profesión, especialista en Medicina y Traumatología del Deporte. Ha desarrollado su carrera profesional en el Caja San Fernando de baloncesto, en la selección española de baloncesto, en el Club Sato Sport, en el Centro de Alto Rendimiento de la Cartuja, y durante veinticinco años ha investigado acerca de la Medicina en Al-Ándalus, lo que le llevó a crear su segunda novela “La última noche” donde este autor ha querido recrear la Sevilla almohade.

Sinopsis:

Al final de su vida, en el año 1195 de los cristianos y 589 de la Hégira, Sarah Avenzoar —nieta del famoso médico Abu Marwan Avenzoar y médico ella misma— rememora su infancia en Sevilla, rodeada de tratados de poesía y medicina: allí conoce a su abuelo Abu Marwan, recién llegado del destierro, y al ilustre Averroes, ante quien se hace merecedora de la iyaza, el permiso para atender y curar a mujeres y niños. Con el paso de los años Sarah se desplaza a Marrakech y ejerce la medicina en el harén del califa, donde se verá envuelta en las intrigas políticas entre almohades y almorávides, y en las no menos peligrosas intrigas de las mujeres del harén, algunos de cuyos secretos podrían acarrearle la muerte. Basada en el personaje histórico de la nieta de Avenzoar, La última noche es un viaje a la Andalucía del siglo XII y al imperio almohade que desde Marrakech gobernaba las dos orillas del Mediterráneo, un mundo fascinante donde la suntuosidad de Las Mil y Una Noches se mezcla con un inusitado desarrollo técnico y quirúrgico, de la mano de una de las primeras mujeres que practicó legalmente la medicina. Pero ninguna medicina puede curar las heridas del alma…