domingo, 27 de septiembre de 2009

Editado un libro que desvela la Memoria Histórica en Rota




El libro titulado “Memoria rota” es un amplio estudio de investigación que abarca todo lo que ocurrió en Rota desde 1931 hasta 1942. Este corto, pero a la vez intenso, periodo histórico se corresponde en el ámbito nacional a la sucesión de tres regímenes de gobiernos dispares: la Dictadura de Primo de Rivera, la II República y la Dictadura de Franco tras el golpe militar contra el legítimo gobierno republicano. Estos importantes momentos de nuestra Historia se vivieron en Rota con una gran intensidad, tal y como queda reflejado en toda la documentación recogida en el libro.

Memoria rota” consta de seis capítulos coordinados por Mercedes Rodríguez y Pedro P. Santamaría, contando además con la colaboración en el prólogo del escritor roteño Felipe Benítez Reyes. Junto a él, dos de los historiadores más relevantes de la historia de la provincia de Cádiz en este periodo aportan sus investigaciones con dos capítulos vitales para conocer lo ocurrido en Rota en esos difíciles años.
Jesús Núñez nos desvela cómo se desarrolló en nuestra villa el golpe militar del 18 de julio de 1936, analizando quiénes fueron los responsables y cómo actuó cada una de las fuerzas de orden público en Rota (Guardia Civil, Carabineros y Ejército), basando su investigación en los Archivos del Ministerio de Defensa y del Ministerio de Interior y aportando documentación inédita hasta la fecha.
Por su parte, Fernando Romero analiza la acción represora en Rota por la Justicia Militar con importantes investigaciones en el Archivo Histórico Provincial de Cádiz y el Archivo Militar de Sevilla, aportando reveladoras informaciones sobre Fernando Zamacola y su tristemente famosa centuria “Los Leones de Rota”.
Los capítulos correspondientes a la II República, a la Alcaldía Fascista y a la Represión en Rota han sido elaborados por los dos coordinadores del proyecto, miembros del Grupo de Investigación de la Memoria Histórica. Para estos capítulos nos hemos basado principalmente en dos fuentes: la documentación hallada en los Archivos Municipales de Rota, El Puerto de Santa María, Jerez y Cádiz (todo lo concerniente a actas municipales, correspondencia, actividad sindical, publicaciones periódicas…); y los testimonios orales de los familiares de los roteños fusilados, así como de los que fueron represaliados por el franquismo.

Las vidas de estos paisanos, sus fotos, sus inquietudes políticas y/o sindicales, sus sufrimientos o sus proyectos rotos son reconstruidos en el libro desde un sentimiento de respeto y de restablecimiento de la dignidad de unos hombres y mujeres que no hicieron daño a nadie y que fueron castigados cruelmente por su compromiso ideológico con un Gobierno republicano elegido en las urnas.

ÍNDICE
Prólogo, por Felipe Benítez Reyes.

Capítulo 1. La II República en Rota, por Mercedes Rodríguez Izquierdo y Pedro P. Santamaría Curtido.

I. Antecedentes republicanos.
II. Antecedentes socio-económicos.
III. Llega la II República, “pero Rota no se movió”.
IV. Rota: Alcaldía republicana (de abril de 1931 a febrero de 1936).
1) Etapas.
a) Primera Comisión Gestora.
b) Gobierno izquierdista.
c) Segunda Comisión Gestora.
d) Gobierno derechista.
2) El Ayuntamiento dictatorial a examen.
3) Acontecimientos históricos vistos por la Alcaldía republicana.
V. El Frente Popular roteño (de febrero a julio de 1936).
VI. “La sociedad”.
VII. La República y el Carnaval.
VIII. La República y la Iglesia.

Capítulo 2. La sublevación militar en julio de 1936 en Rota, por Jesús Núñez.
I. Introducción.
II. La vida económica, política y social en Rota.
III. Las Fuerzas Armadas y de Seguridad Pública en Rota.
1) El Ejército en Rota.
2) La Guardia Civil en Rota.
3) Los Carabineros en Rota.
IV. La sublevación militar.
V. La anécdota del ataque submarino en Rota.
VI. Los primeros represaliados.
VII. Los responsables del triunfo de la sublevación militar.
1) Teniente de la Guardia Civil Alfredo Fernández Fernández.
2) Teniente de Carabineros Alfredo Santiago Torriza.
3) Falangista Fernando Zamacola Abrisqueta.

Capítulo 3. Rota: Alcaldía fascista (1936-1942), por Mercedes Rodríguez Izquierdo y Pedro P. Santamaría Curtido.
I. El poder cambia de color.
1) José Hernández Arana: “Derramándose a torrente la sangre”.
a) Depuración política y sindical.
b) La guerra, un arma de publicidad fascista.
c) Nombramientos y reconocimientos.
d) Normalidad política (aparente).
2) Segundo periodo fascista: Antonio González López, Francisco García Sánchez y Santiago Merino Morales; primeros alcaldes de la posguerra

II. La Alcaldía fascista y el campo de concentración de la Almadraba.
III. La Alcaldía fascista y la Iglesia.

Capítulo 4. La represión en Rota, por Mercedes Rodríguez Izquierdo y Pedro P. Santamaría Curtido.
I. “A partir de este día tan ingrato…”
II. Los roteños fusilados.
1) Introducción.
2) El modus operandi de los verdugos.
3) Los fusilados.
III. La fosa común del Mayeto: el fusilamiento de ocho chipioneros.
IV. Los roteños represaliados.
1) Huérfanos.
2) Mujeres.
3) Represión ideológica.
V. El cura contra el maestro.
1) Introducción.
2) II República (1931-1936).
3) Golpe militar y represión (1936-1939).
a) Maestros fusilados.
b) Maestros depurados.
VI. El campo de concentración de la Almadraba.
1) Luis Ortega Bru y el Cristo de la Salud.

Capítulo 5. Los fusilados más significativos, por Mercedes Rodríguez Izquierdo y Pedro P. Santamaría Curtido.
I. Manuel Liaño Ruiz de Lacanal.
II. Manuel López Flores.

Capítulo 6. Represión por la Justicia Militar: Rota, 1937-1942, por Fernando Romero Romero.
I. La justicia al revés.
II. La camisa roja bajo la camisa azul: falangistas ante la Justicia Militar.
III. Zamacola, investigado.
IV. Gritos subversivos en la calle Calvario.
V. “Uno de tantos muchachos envenenado por la que fue Casa del Pueblo”.
VI. Manuel Ramírez y la Izquierda Republicana roteña.
VII. El corte de la carretera de El Puerto.
VIII. Después del Consejo de Guerra: encarcelamiento, conmutación pena y libertad condicional.

Epílogo, por Mercedes Rodríguez Izquierdo.

Anexos

Anexo I: Reglamento para el régimen y gobierno de la Sociedad de Obreros Panaderos de la Villa de Rota “La Fraternidad”.
Anexo II: Reglamento del Sindicato Católico Agrícola de Rota.
Anexo III: Expediente administrativo incoado contra el maestro de música don José Berenguer Sánchez.
Anexo IV: Sobre de una carta enviada desde Falange local a Queipo de Llano y tarjeta postal con la simbología franquista.
Anexo V: Relación de niños huérfanos.
Anexo VI: Relación de huérfanos de guerra.
Anexo VII: Transeúntes alojados en el campo de concentración de la Almadraba.


sábado, 26 de septiembre de 2009

LUCES Y SOMBRAS DE LA HISTORIA DE CHIPIONA. Sebastían Guzmán Martín




LUCES Y SOMBRAS DE LA HISTORIA DE CHIPIONA. Sebastían Guzmán Martín
Título: Luces y sombras de la historia de Chipiona
Autor: Sebastián Guzmán Martín
Editorial: Ayto de Chipiona

Crítica literaria por Rafael Rubio. Biblioteca Imaginaria
José Mellado Bueno. Eduardo Naval Pimentel. Santiago Query Masi. José Reyes Martín.
Podría seguir escribiendo nombres que seguramente no les dirán nada y que a mí, hasta hace muy poco, tampoco me lo decían. Francisco Montalbán Muñoz. Manuel Miranda de Sardi. ¿Quiénes fueron? Gracias al extraordinario trabajo de investigación de Sebastián Guzmán hoy podemos saber la historia trágica de estas víctimas de la sinrazón.

«Luces y sombras de la historia de Chipiona» refleja cómo fue el antes, el durante y el después de la Guerra Civil en la villa gaditana. El autor siempre va de lo general a lo particular, reflejando la situación en el país para después llegar a la villa, epicentro del texto, pues el motor del proyecto fue rescatar del olvido a todos los nombres que quedaron sepultados bajo la cruel venganza, ya que, como evidencia Guzmán con su trabajo, en Chipiona (como en otros muchos lugares de la geografía española) no se puede hablar de «guerra» con propiedad, sino más bien de represión, de ajuste de cuentas; las víctimas no son soldados, son civiles asesinados por su ideología o como venganza, como es el caso de José Reyes Martín:
"Una noche sorprendió a alguien robándole en su huerta y José arremetió contra el ladrón, que resultó ser un conocido suyo. Tras el alzamiento militar del 18 de julio de 1936, este conocido pasó a formar parte de la falange española. Pronto entró en la cárcel de San Juan de Aznalfarache. De aquí pasaría a Sevilla, a la cárcel de los Pajaritos, para finalmente ingresar en Carmona, en donde fue fusilado” (p.195).

El libro está estructurado en seis capítulos, que abarcan desde la proclamación de la Segunda República hasta los años de la posguerra, más dos anexos, uno donde encontramos las semblanzas de las 33 víctimas de Chipiona de la represión franquista (con algunas fotografías que ponen rostro a los nombres), y un segundo anexo compuesto por documentos gráficos como la declaración del bando de guerra en Chipiona o un informe de incautación de bienes de uno de los fusilados.
Es decir, en todo momento, el autor expone hechos, documentos, testimonios; el historiador se convierte en un puente, alguien que proporciona información rigurosa que puede ser contrastada, pues siempre se citan las fuentes. No hay literatura, no hay opinión; existen los hechos, y el gran mérito de Sebastián Guzmán está en la profunda investigación que ha realizado para encontrar los documentos que reflejan esos hechos, como por ejemplo, el citado informe de incautación de bienes.
Evidentemente, trabajos de este tipo pueden levantar ampollas entre algunos. Pero por un momento, sólo por un momento, deberían ponerse en la piel de los otros, un raro ejercicio que quizá habría evitado la masacre de tantos inocentes. Así lo expresó una huérfana de guerra:
"Los hijos de los fusilados, los que hemos sufrido la guerra, estamos todos nerviosos, con sueños llenos de pesadillas, algunos intentan olvidar, pero dentro de ellos tienen este dolor, esta humillación que hoy todavía perdura, puesto que ningún gobierno de España les honra. Siempre la indiferencia. Deseamos ser reconocidos como mártires del franquismo. Tenemos hambre de honores” (p.123).

Los que sean creyentes podrán decir que, con trabajos como este, los muertos alcanzarán la paz; los que no lo somos afirmamos que, al menos, sus familiares habrán logrado restituir la dignidad de los suyos, que no es poco.
(Esta obra, como otras que pertenecen al mismo proyecto, están a disposición de todos de forma gratuita en www.todoslosnombres.com).

Raúl Rubio Millares

sábado, 19 de septiembre de 2009

El Castillo de Chipiona


Por Juan Luis Naval Molero.
Cronista Oficial de la Villa.
El Castillo de Chipiona está asentado sobre una roca del antiguo barranco existente en este lugar, que baten las olas del mar, junto a la muralla que cubre el antiguo acantilado de la zona que va desde la Cruz del mar hacia las Canteras.
Es de planta cuadrada, tiene dos plantas que se cubren con bóvedas de arista. Las ventanas son ojivales, y en la parte superior tiene una torre también cuadrada. Esta fortaleza ha sufrido muchas transformaciones hasta su adaptación en Hotel para veraneantes. Desde 1.989, fecha en la que se cerró el Hotel, se ha encontrado en estado de abandono y ruina, mientras que el Ayuntamiento y una empresa hotelera se disputaban la posesión de él. Actualmente es propiedad de nuestro Ayuntamiento desde el año 2.001. Ya restaurado, es sede del centro de interpretación de "Cádiz y el Nuevo Mundo"

Origen.
Su origen es dudoso, en su emplazamiento o cerca de él hubo un castillo que algunos hacen remontar a una época próxima a los romanos con más fantasía que argumentos sólidos.

Existe una bibliografía bastante amplia sobre nuestro castillo:

Por ejemplo, cuando Carmona Bohórquez, fraile agustino Chipionero, escribe su libro entre 1.635 a 1.640 nos dice que: <<..tiene el pueblo su castillo con algunas piezas de bronce y hierro colado, y en lo alto su torre y campana de vela donde todo el verano hay centinelas, y cuando es menester en el invierno salen sus rondas de a caballo a correr la costa y hay su guardia de soldados en la puerta de la mar y postas en varias partes de aquella marina, en habiendo nueva cierta de que los moros andan por aquel pasaje>>.
Los franciscanos Aracil y Roque Martínez decían en su libro escrito a primeros de siglo XX que <<...junto a él se veían fuertes paredones y algunos trozos de cimientos que no desmienten seguramente ni su antigüedad, ni el destino que se les atribuye.>>

En el libro de Chipiona de la Diputación de Cádiz se dice que al no tenerse referencias escritas de la Chipiona musulmana, no se puede afirmar si existió Chipiona como pueblo en estos siglos, pero que .

Sabemos todos que según el Diccionario de la Real Academia Española, un Castillo es un lugar fuerte, cercado de murallas, baluartes, fosos y otras fortificaciones.
Jorge Alonso en su libro sobre Tartessos dice sobre el castillo: .

Pedro de Medina incluye entre las mercedes de Sancho IV a Alonso Pérez de Guzmán .
D. Alonso Pérez de Guzmán, que vivió en el reinado de Sancho IV, muerto en 1.295 y el de su hijo Fernando IV, poseyó en señorío entre otras las poblaciones de Trebujena, Rota, Sanlúcar y Chipiona, levantando en ellas castillos para su defensa.
A los pocos años de estar en posesión de ellas, casó su hija Isabel con el Conde de Arcos, don Hernán Pérez de León, descendiente de D. Juan Ponce de León, del mismo título y pasaron la villa de Chipiona, su castillo y la pequeña iglesia de Regla, entre otros bienes, a los Ponce de León.




Hay autores que atribuyen al Conde de Arcos la construcción de nuestro castillo, ya de nueva planta o bien sobre la ruina de otro existente, por cuanto se sabe que Alfonso X al reconquistar la provincia de Cádiz lo fortificó.

El castillo fue rehabilitado sobre los años 1.527 a tenor de lo que se nos cuenta en la Historia de Sanlúcar de Barrameda.
Chipiona contaba entonces para su defensa con el castillo y con el Santuario de Regla, verdadera iglesia-fortaleza.

Cuando Luis Bravo de Laguna visitó esta fortaleza con motivo de su conocido viaje para informar sobre la indefensión y proyecto de fortificación de las costas occidentales de Andalucía, desde Gibraltar a Ayamonte, lo encontró tan mal, que le mereció un juicio muy poco favorable y sin embargo tuvo buen parecer con respecto a sus bastimentos y guarnición de la que detalla todo lo visto.

De todo esto se deduce fácilmente la necesidad de un estudio arqueológico de lo que fue este castillo durante la Edad Media, sobre todo por las grandes transformaciones que ha sufrido con motivo de la última adaptación para fines completamente ajenos a la defensa y a la guerra.

En 1.640 las actas capitulares del Ayuntamiento de Chipiona nos hablan de un arreglo de una plataforma o terraplén en el Castillo y otra obra más realizada en 1.669.

No puede darse una descripción del primitivo castillo, sólo se tiene idea de su estado anterior por un cuadro al óleo de autor desconocido y realizado en 1715. Este cuadro se conservó hasta poco después de cerrarse el Hotel, ya que al quedar abandonado se deterioró hasta el punto de quedar destrozado por la lluvia y los maleantes que entraban en él.

Según esta referencia, no tuvo ventanales altos, únicos que podría haber tenido dado el carácter defensivo del edificio, ni tampoco las construcciones que tiene actualmente adosadas en todos sus lados. Su base es un cuadrado de 87 metros y 473 de superficie, quedando su capacidad reducida a 338 metros, descontando el grosor de sus muros. Su altura también es apreciable por sus antiguas almenas, que aún conserva.

Adosado al muro que enfrenta al mar tenía un pequeño fortín y en él estaba la entrada al castillo, situada en el lado del ángulo que forma éste con el muro y mirando al Norte. En el mismo y en línea vertical con el fortín está aún la torre, cuya campana de la vela tañía en señal de arrebato y de la cual quedan referencias muy curiosas en las actas del Cabildo de los años 1.652 y 1.684.

Un registro de propiedades rústicas y urbanas de 1.760, fecha en que aún se encontraba en buen estado de conservación nos dice que constaba de ocho pozas principales y cinco salas; que tuvo algunos techos de tejas y que la subida a los adares y torre se hacía por el interior de ésta.

Del mismo modo se sabe que el terreno inmediato al lado derecho era la plaza de armas y ejido, cuyo lado opuesto era la actual calle Huerta, antes Capitán Cortés.

Al otro lado se hallaba también la batería, en el sitio de emplazamiento de la casa, que está inmediata y por su lado izquierdo. Constaba de tres piezas y en casos necesarios se aumentaba en otras dos.
Esta casa se construyó en 1.878 por D. Juan de la Bastida propietario entonces del lugar de la batería, dejando entre el Castillo y ella una servidumbre pública que daba paso a la playa por la barranca.

En 1.902, D. José de la Bastida y Fernández cede al Ayuntamiento los terrenos que están entre el Castillo y la casa de D. Manuel Fernández Salamanca, para que en el plazo de un año se hiciera una bajadilla para carruajes.
En el lado derecho existía un callejón llamado del "Castillo" que se acordó cerrar en 1.912, a la misma vez que se hizo la muralla de contención hasta la Cruz del Mar.
Siempre hubo un gran interés tanto por parte del Duque de Arcos, como del Concejo de la Villa, en conservarlo en buen estado, dándole provisiones de pólvora, mantenimiento de las armas, pertrechos, municiones, etc., ya que su servicio era imprescindible en aquellos tiempos, en que las incursiones de moros eran frecuentes en los territorios del litoral gaditano.

Se conservan aún las actas que lo relatan en el Archivo de nuestro Ayuntamiento. Como esta de 21 de marzo de 1.669, donde dicen que es la fortaleza de esta villa y donde se pueden recoger sus vecinos en cualquier ocasión de invasión de enemigos, por ser puerto de mar y ser propicio a ello, por ser lugar abierto, por lo que se trató de reparar el Castillo para que estuviere habitable.
Parece ser que en esta situación se estuvo durante bastante tiempo pues en 1.772 se vuelve a pedir, esta vez al Gobernador de Sanlúcar, 6 soldados infantes y dos cabos, pues en el pueblo no existe guarnición.

Otros usos.
Con el transcurso del tiempo, se le fue dando distintos usos, se llegó a utilizar como sala capitular durante algunos periodos en que no se podían realizar las reuniones en las casas del Cabildo.
Las actas capitulares del siglo XVII, lo mencionan en varias ocasiones como la residencia del Sr. Cura Párroco. No sabemos si por no existir entonces la casa parroquial o por seguridad, ya que todavía eran frecuentes los ataques de los moros a estas costas.
Se utilizó también durante los primeros años del siglo XVIII, como cárcel o calabozo de la villa al parecer sólo local, pues en las actas capitulares lo mencionan como cárcel pública de la villa.
Su estado entonces debía de ser bastante malo ya que en 1.766 se trató de construir un farol o linterna sobre los cimientos del Castillo para guiar a los barcos en su entrada al río Guadalquivir.
El primer dato que tenemos sobre la utilización del Castillo para uso hotelero es un acta capitular de 1.887, en la que Dª Manuela Fernández Salamanca de la Bastida, pide se amillare una casa hotel "El Castillo" a su nombre, así como veinte áreas de terrenos donde estuvieron emplazadas las baterías.

En 1.893, el puesto de la Guardia Civil que estaba en Trebujena se trasladó a Chipiona instalándose interinamente en el Castillo, mientras se arreglaba (según las actas del Ayuntamiento) la casa de D. Baldomero Fernández Ceballos que era donde pasaría posteriormente.


En 1.922 se le hizo una reparación al Castillo debido a la estancia en él durante más de cinco años de SS. AA. RR. Don Carlos de Borbón y Dª Luisa de Orleans. Dicha reparación costó 1372,95 pesetas, según las cuentas del Ayuntamiento.

A partir de entonces volvería a utilizarse como Hotel hasta el año 1.989.
En 1.933, D. Antonio de la Bastida y Fernández pide al Ayuntamiento abrir una puerta en el como dicen: "Castillo Romano" en la fachada que da a la calle “Nicolás Salmerón”, actualmente Calle del Castillo.

Durante mucho tiempo, siglos, nuestro castillo fue vigía constante para la seguridad de los moradores de estas tierras hasta que más tarde se utilizó como Hotel. Desde el año 1.989 estuvo en desuso y pendiente de ser restaurado.

Hasta aquí la pequeña referencia que hago de nuestro castillo, del cual a pesar de mis esfuerzos por recuperar todos los datos posibles sobre él, me queda entre otros retos, el saber cual fue su nombre si es que lo tuvo, ya que todos los Castillos de las poblaciones cercanas a Chipiona lo tienen. Por ejemplo: El de Sanlúcar de Barrameda, se denomina El Castillo de Santiago; el de Rota, el Castillo de Luna; el de El Puerto de Santamaría, San Marcos, El de San Fernando, San Romualdo, etc. etc.

Juan Luís Naval Molero
Cronista de la Villa

domingo, 6 de septiembre de 2009

Uno tiene derecho a comenzar el invierno cuando le parezca


Por Johnny Maloso


Las grandes superficies nos recuerdan a lo largo del año, con gran eficiencia, cuándo comienza la primavera, el verano, el cole, las rebajas…incluso se adelantan a nuestros seres más queridos en felicitarnos por nuestro cumpleaños o santoral.
Cortados por la misma etiqueta que numerosos políticos, deciden por nosotros cuándo empiezan o acaban las cosas o lo que es bueno o malo para nosotros. No se dan cuenta que todavía hay gente que hacemos lo que nos sale de los cojones- perdonen por señalar tan directamente-, sin tener que rendir cuentas a nadie.

Por eso el pasado 6 de septiembre en el Imperio Hitita el Gran Subiluliuma y este Pobrecito Hablador, inauguramos oficialmente el invierno 2009/2010. Para ello, nada mejor que encender la chimenea, bien alimentada de leña, aunque en el exterior hiciera más de 35 grados.
Todo ello bien condimentado con una buena botella de Tío Pepe, ricas viandas, la calabaza del “Un, dos, tres” y buen humor transgresor. Nos acompañaban Pepe y Pepa Pulggoso, ésta última más conocida como Putilla de los Majales( no se asusten, que es una perra bodeguera que pare más que una coneja),quienes asistían asombrados y en silencio a nuestra locura.
Hacía un calor que te cagas pero daba alegría ver el fuego purificador de las malas vibraciones y ese humo blanco de la chimenea, que ya quisiera el humo ese que echan cada vez que eligen un Papa nuevo por nosotros.
Dimos soluciones a todos los problemas del mundo, opinamos de lo divino y de lo humano. Uno leía a Catulo, otro a Cien horas con Fidel y cuando nos invadió la soledad nos fuimos al Casillero a llorar con los amigos por la extinta Venta del Rirro.
Tras ello una buena siesta reparadora ,acompañada de las tradicionales moscas de septiembre, solamente interrumpida por las “bombas lapilli” de este Pobrecito Hablador que dejaban anonadado al volcán Vesubio.
Dejamos apagar el fuego lentamente,como por tradición se apaga la vida. La chimenea agradeció el merecido descanso. En las cenizas fueron nuestras ilusiones nonatas.
Ustedes pensarán que estamos locos, pero no señor. Es que cada vez que podemos hacemos lo que nos sale de los cojones sin rendir cuentas a nadie , y ustedes perdonen por señalar tan directamente de nuevo.

lunes, 31 de agosto de 2009

La Virgen de Regla en las investigaciones de Manuel Jurado Domínguez




La historia de la Virgen de Regla se remonta al siglo IV, mezclándose la historia con las leyendas. Según la "historia Sacra", escrita por el P. Fr. Diego de Carmona Bohórquez ", la imagen de la Virgen de Regla, fue mandada a construir por el mismo San Agustín, doctor de la Iglesia, siendo obispo de Hipona (Norte de África). El santo tenía la imagen en su oratorio. Trece años después de la muerte de San Agustín (443), Hipona era atacada por los Vándalos, por lo que el diácono San Cipriano y otros monjes de la orden de los agustinos se vieron obligados a escapar a España. Al llegar colocaron la imagen frente al mar. Allí creció la devoción, llegando a ser el monasterio de Regla. La imagen de Ntra. Señor de Regla, según se cree, siempre fue de color negro. Así nos recuerda a los Cantares de Salomón: "Negra soy, pero hermosa hija de Jerusalén".


En el siglo VIII los monjes tuvieron que huir por la invasión de los moros y ocultaron la Ntra. Sra. de Regla cerca del monasterio. En el siglo XIII, tras la victoria de Alfonso el Sabio, la Santísima Virgen, en una visión a un canónigo regular de la Catedral de León, le mostró el lugar donde se hallaba enterrada su imagen y le pidió que viniese a desenterrarla para retornarla a su antiguo santuario. El canónigo obedeció y, cuando se encontraba en el lugar y descansando bajo una higuera, escuchó una voz angelical que del centro de la tierra le decía: "Este es mi lugar", voz que repitiéndose, confirma al canónigo la dulce esperanza que traía en su peregrinación, de encontrar la imagen. Trabaja con entusiasmo y fe en el sitio, y "!Oh portento!" (Exclama en su narración el Fr. Tomás de Herrera.)Encuentra el depósito sagrado y la lámpara encendida, conservándose hoy un cáliz de los que con Nuestra Madre y Señora estuvieron enterrados. Se restituye a la Señora a su propio templo, y se labra una pequeña capilla en el sitio. Del maravilloso encuentro que hoy existe, así como la higuera y la cisterna, conociéndose este lugar como Humilladero.


Desde este tiempo ha continuado Ntra. Señora de Regla en el Santuario abordada por todos, y siendo la admiración general por los muchos dones que siempre dispensará a los fieles que la imploran en sus aflicciones. Algunos dicen que el nombre de "La Virgen de Regla" es por razón de ser ella quién custodia la regla de los frailes Agustinos. Esto no es de extrañar ya que el mismo San Agustín era un gran devoto de la Virgen María. También se sabe que Don Alonso Pérez de Guzmán alzó en Chipiona el Castillo de Regla.


Desde su precioso santuario frente al mar en Chipiona (España), la Virgen de Regla, cada 8 de septiembre, sale en imponente procesión con miles de devotos. Desde España, sus devotos, principalmente los frailes Agustinos propagaron la veneración por muchas partes del mundo. Esta devoción llegó a su apogeo en el siglo XVIII. Hoy día se venera en España, Cuba, Miami (USA), México, República Dominicana, Filipinas y los Países Bajos.


Cuba: Regla, pequeño vecino a La Habana lleva el nombre de esta devoción Mariana, pero a la Virgen de Regla se le conoce y venera por toda la isla. Nunca faltan peregrinos a la iglesia de la Virgen de Regla. La Santería, la religión traída por los esclavos, mezcla elementos del catolicismo con religiones africanas. Esto ha causado que muchos cubanos relacionen a la Virgen de Regla con la diosa (orisha) "Yemayá, diosa de la maternidad o con "Olokún, diosa de la profundidad".


Miami (USA): Los exilados cubanos llevaron a Miami la devoción a la Virgen de Regla. Aquí se suscita el mismo tema de la santería. No hay en esta ciudad ninguna iglesia católica dedicada a la Virgen de regla. Varias iglesias cismáticas (separadas de la iglesia católica) de Miami llevan el nombre de la Virgen de Regla. Estas iglesias se dicen ortodoxas pero en la iglesia ortodoxa no existe esta devoción. Historia de la Virgen de Regla. Algunos historiadores se remontan al 8 de Septiembre de 1.608, como fecha de la primera salida de la procesión de la Virgen de Regla, aunque se tienen noticias de que en 1.588 tuvo lugar una peregrinación, organizada por Dña. Ana Gómez de Silva y Mendoza, Duquesa de Medina Sidonia, para pedir por el éxito de su marido, que se encontraba al frente de la Armada Invencible luchando contra los Ingleses. ¿Cuando nace Regla?


El día 4 de Abril de 1295 el Rey Fernando IV hizo merced a D. Alonso Pérez de Guzmán de toda la tierra que conste la Andalucía, desde donde el Guadalquivir desemboca en el océano, hasta donde el Guadalete tributa sus aguas. Estas poblaciones son: Sanlúcar de Barrameda, Chipiona, Rota y El Puerto de Santa María. Es aquí, al parecer, donde los historiadores deslumbran el nombre de Regla. Fue por primera vez pues, según Pedro de Molina cita, que Don Alonso Pérez de Guzmán alzó un castillo en la parte que los moros llamaron "Chepiona"y le puso el nombre de Regla. Más tarde, en 1.303, Isabel de Guzmán, hija de Don Alonso, se casó con Hernán Pérez Ponce de León y recibe como dote las villas de Rota y Chipiona, así como el Castillo de Regla.


Una de las fechas importantes que dieron un impulso a nuestro pueblo fue la llegada de los franciscanos el 28 de Agosto de 1.882. Procedían de Santiago de Compostela y con trabajo y esfuerzo inauguraron la nueva Casa de Misiones el 8 de Septiembre de ese mismo año. El artífice de todo esto fue el Padre José Lerchundi, que era Prefecto Apostólico en Marruecos, y la necesidad de reforzar la labor misionera le llevó a elegir Chipiona como enclave de un colegio de misioneros. Tras muchos problemas entre el Estado Español y la Santa Sede, se llegó a un acuerdo el 8 de Julio de 1.880. El padre José Lerchundi falleció el 8 de Marzo de 1.896, pero su obra ya estaba en marcha.


Unos de los grandes devotos que tuvo la Virgen de Regla fueron los Infantes de Orleans. De manos de Don Alfonso de Orleáns y Borbón y Dña. Beatriz de Sajonia, llegaron hasta la Virgen de Regla la Reina Isabel II de Brasil, Amelia de Portugal, los Condes de París, la Reina de Rumania y otros distinguidos acompañantes. Basta añadir a esta lista de ilustres, la visita del científico Isaac Peral y la del Rey Alfonso XIII, que se postró ante la Virgen de Regla el 21 de Abril de 1.930. El 8 de Septiembre de 1.928 la Infanta Dña. Beatriz ofrendó una alhaja a la Virgen de Regla, además de que una escuadrilla de aviones de la base militar de la Parra sobrevolaran al paso de la procesión de la Virgen, hoy día se sigue manteniendo dicha tradición, aunque tan solo con un sólo avión.


Otra fecha importante es la del 2 de Agosto de 1.948, que con motivo de la inauguración de la restauración del Humilladero, se lanza la idea de la Coronación de la Virgen. Para encauzar todos los esfuerzos de recogida de donativos, alhajas, etc..., se crean la Juntas Locales. Empezando por Chipiona, que actúa como Junta Local Central, y se crean otras en Sevilla, Jerez, Estepa, Lebrija, Puerto de Sta. María, Rota, Trebujena, Sanlúcar de Barrameda, etc. Es de destacar entre las múltiples formas de recaudar fondos, dos de ellas, una es una "Tómbola" que funciona los veranos de 1.952 y 1.953, que desborda todas las previsiones, y la otra, fue una corrida de toros en la plaza del Puerto de Santa María, el día 3 de Agosto de 1.952, con toros donados por las casas de los Sres. Marqués de Domecq, Excmo. Sr. Marqués de Villamarta, D. Luis Osborne, D. Joaquín Pareja Obregón, D. Antonio Urquijo y D. Fermín Bohórquez. Los toros murieron de manos de los diestros Ortega, Manolo González y Pepe Luis Dominguín. Destacar también las aportaciones de las familias Fernández Palacios Barrua, las Srtas. Ramírez de Cartagena y Obregón, D. Francisco Durán, D. Zoilo Ruiz Mateos, etc.


El día 5 de Septiembre de 1.954 a las 6 de la tarde sale Nuestra Sra. Virgen de Regla, entre himnos, vivas, y aplausos llega hasta la plataforma, donde se le pondrá la Corona, actuando como padrinos los Infantes De Orleáns, D. Alfonso de Orleáns y Borbón y Dña. Beatriz de Sajonia, siendo el pregonero el ilustre gaditano universal D. José María Pemán.

lunes, 24 de agosto de 2009

LA BODEGA.-



Por Pepe Gaznate.


La Bodega es una sensacional novela del valenciano universal Vicente Blasco Ibáñez. En ella se analiza a parte de la oligarquía jerezana bodeguera y las pésimas condiciones laborales que padecían los que trabajaban en el sector. En Chipiona bodegas hay muchas, perdón algunas, que se resisten a sucumbir ante la piqueta devoradora de esos que se dicen máximos defensores de la libertad. Pero bodega como la que yo digo sólo hubo una. La de Valdés.

Eran los años ochenta y un local muy sui géneris, incluido el dueño. Todo era ceremonioso no programado. El niño de Valdés era un chipionero de la movida madrileña que te despachaba vino para el olvido a sones de una canción de Alaska y Los Pegamoides, por poner un ejemplo. Lo mejor que tenía era su carta de tapas en la que se incluía las aceitunas podridius y los altramuces. Para comer los altramuces te acompañabas del S. P. C., Santo Plato Cochambroso, que era como una pequeña fuente de plástico donde metías los dedos para añadirles sal. Allí metían sus dedos el Cacharro, el Tigre, Juanaco e incluso yo mismo. Con lo cual el plato tenía de todo menos santidad. Las aceitunas tenían su encanto, porque además de no cobrarlas, cuando el niño de Valdés se volvía de espaldas cogías una.


La clientela también tenía un encanto especial. Estaban los borrachos de toda la vida que pedían su medio litro. El vino se bebía junto a una buena dosis de bicarbonato y una partidita de cartas. Los otros clientes eran gente rara y variopinta que convivía pacíficamente. Eran los de cerveza y cubata de antes de la discoteca. Algunos instauraron la moda del vasazo en la mesa. Consistía en dar un vasazo fuerte y seco en la mesa, sin que se rompiera el vaso ni la mesa y además conseguir la alarma general en la bodega. La operación se repetía hasta que alguien te ponía cara de pocos amigos. Todo eso no se hubiera podido hacer nunca sin la comprensión y a veces complicidad del niño de Valdés.


Había también una mesa de billar pero a mí eso nunca me interesó. Me agradaba más escuchar la interesante conversación de alguien que contaba que había visto una película muda buenísima del año 25 o lo deprisa que empezaban y terminaban las estaciones meteorológicas. O hablar en buen Latín, ya que fue en la bodega de Valdelius el antecedente del román paladino.

Y la serie de personajes. Una chica de fuera que tenía toda la cara de Francesco Petrarca, alguien con los pelos coloraos, un Massip que se parecía al Carnuzo o un joven vestido de negro que de vez en cuando venía de Madrid y que era como el representante de la movida madrileña en Chipiona. Tampoco faltaban las caras que venían directamente descendientes del mono y que merecían un estudio que ni el de Darwin. Hubo un tiempo que hasta un cliente tuvo un vaso especial para él. A ese le gustaba mucho el mes de febrero y su día favorito era el 23.

También recuerdo que por San Juan era el único día del año que el Jefe de Correos invitaba. Ahí perdió su oportunidad Paco el cartero de salir en los titulares de periódicos por haber invitado alguna vez. Los vecinos, aún hoy siguen algunos, eran todos un dechado de virtudes. El boticario, gatiti, el Verdón, el glamour del asador de pollos, los perros cantores de Viena, EL Chuti, El Tigre, el padre de Joaquín que se fumó la tabacalera y arruinó a la seguridad social, Blanquita, el Hormiguero... Luego, años más tarde, vino La Esquina. Pero esa historia que la escriban otros con más glamour que un servidor.-

PD. A mi buen amigo Valdelius y todos aquellos que se quedaron en el camino.

jueves, 20 de agosto de 2009

El Santuario de Regla en las investigaciones de Manuel Jurado


Manuel Jurado Domínguez
Investigador de Historia Nº 500/97

Córdoba 28 de abril de 1997

LIBRO: Resumen del antiguo Santuario de Nuestra Señora de Regla y su Titular.
Con motivo a la restauración de su Templo. Seguido de una corona Poética consagrada al mismo objetivo.
Cádiz.- Imprenta, Librería y Litografía de la Revista Medica, á cargo de D. Juan Bautista de Gaona.
Plaza de la Constitución, Numero 11.- 1852.



A SS.AA.RR. Los Sermos. Sres. Infantes de España Duques de Montpensier.

Sermos. Sres.

A nadie más que a VV.AA.RR., dignisimos promovedores del mayor culto a Nuestra Sra. de Regla, debemos dedicar estos humildes trabajos en loor de la Santísima Virgen. Si se dignan aceptarlos y acogerlos bajo su alta y poderosa protección, será satisfecho los deseos de sus atentos servidores, que con el más profundo respeto besan SS.RR.PP.

Sanlúcar de Barrameda 3 septiembre 1852.

Pedro Castelló, Francisco Rodríguez Zapata, Diego Herrero y Espinosa, Sebastián Herrero y Espinosa, Juan Capitán, José María Ruiz de Somavía, Francisco Flores Arenas, José Benevides.


INTRODUCCIÓN:

Los acontecimientos que en los días 7 y 8 del mes de septiembre del año de 1852 se verificaron en el venerado y antiguo santuario de NUESTRA SEÑORA DE REGLA, situado en él termino de la villa de Chipiona de la provincia de Cádiz, no son ciertamente sucesos vulgares y comunes; sino de aquellos que rara vez acontecen en un siglo, y que aun cuando no formen una pagina en la historia de los pueblos, conservan sí, en el transcurso de los tiempos, una tradición respetable.

Los del santuario de NUESTRA SEÑORA DE REGLA están ligados con una infinidad de raras circunstancias, y traen tales antecedentes, que despiertan con interés la atención general: el publico entusiasma con que todas las clases de esta provincia hablan de estos actos religiosos, nos impulsa a escribir este pequeño folleto con el solo objeto de dar noticias de ellos, de las causas que lo han promovido, de las personas que con un celo y una constancia digna de elogios los han llevado a cabo, y los cultos solemnes que en los referidos días se han de celebrar en la inauguración del citado templo.

Justo nos parece hacer también una reseña histórica de la reedificada iglesia y de su titulas, la que si no es ni con mucho cual debiera, y nosotros deseáramos, reunirá al menos los datos que hemos podido proporcionarnos y que el lector amante de la Virgen, vera con gusto, cuando hasta hoy no se han encontrado reunidos en ningún escrito, teniéndose solo de ellos inconexas ideas, desfiguradas versiones e incompletas noticias con que la tradición vulgar nos cuenta antecedentes de este edificio respetable y de todos admirado, por ser el deposito de Nuestra Madre y Sra. De Regla.

Estas fiestas religiosas, que a no dudarlo, serán memorables es este país, así como los sucesos que las ha originado, están enlazadas con la historia de los tiempos: ellas han inspirado a varios poetas a pulsar sus liras en loor de la Santísima Virgen de Regla.

Estas composiciones escritas con la fe más pura y los sentimientos más nobles, formaran en este pequeño libro una corona poética que ofrecen a la Madre de Dios en el día de la reparación, como débil ofrenda de nuestro puro amor.

Indicaremos las causas de estas funciones religiosas y en estrenos populares.

En el mes de agosto de año de 1850, encontrabase en la ciudad de Sanlúcar de Barrameda los Augustos Infantes de España, Duque de Montpensier, la Providencia hizo que estos ilustres personas extendiesen un día su paseo hasta la inmediata villa de Chipiona. Llegados al pueblo, entraron en el templo donde vieron y tuvieron noticia por vez primera, de la milagrosa imagen de Nuestra Sra. de Regla. Oraron ante ella, y desde este momento fueron inspirados de la más fiel devoción a esta Señora, que bajo la advocación de Regla, cuenta millares de ternísimos devotos. Desde este día se frecuentaron las visitas de los excelsos y virtuosos Príncipes, empezaron a rendir respeto y tributar obsequios a Nuestra Señora, procurando enterarse minuciosamente de los antecedentes de esta imagen, por todos adorada y bendecida. El pueblo de Chipiona que profesa a María Santísima de Regla un afecto que raya el delirio, bien presto se apercibió de la singular devoción de los regios Príncipes: no se hicieron esperar, por cierto, los vecinos de esta villa, en manifestar sus ardientes deseos por que la Soberana Señora volviese a su antigua iglesia a fin de que allí recibiese el culto que mayores les habían tributado. Este natural deseo, hijo de la más pura fe, lo hicieron presentes a los Príncipes de distintos modos, y en diversas formas, hasta que pusieron en sus Reales Manos una reverente exposición a Nuestra Excelsa Soberana, solicitando que se les concediese permiso para restaurar el memorable templo de Regla, y que la Señora volviese a su antigua casa. Esta solicitud se puso bajo la égida de los caritativo Infantes, a fin de que interponiendo su alta influencia con nuestra Reina, se viese cumplidos sus sinceros votos. Multitud de firmas espontaneas tenia la exposición: era un documento escrito con el corazón, de esos que dicta la conciencia más pura, era el unánime deseo del pueblo de Chipiona, era en fin, la verdad.

Los Ilustres Infantes acogieron este pensamiento, y con la más sincera, recomendaron al Gobierno de S.M., tan religiosa y ferviente petición. Este accedió a los deseos de los firmantes, concediendo la restauración del templo y colocación en él de su antigua imagen para que la iglesia aumentase el pasto espiritual, sirviendo de ayuda a la Parroquia de Chipiona, a fin de que los Feligreses que habitan los varios caseríos que existen en este dilatado campo, no carezcan de los auxilios que proporciona nuestra religiosa Santa.

Consecuente a la concesión, el Emmo. y Excmo. Sr. Cardenal Arzobispo de Sevilla, dispuso se abriesen suscripciones voluntarias en la poblaciones de Chipiona, Cádiz, Jerez de la Frontera, Puerto de Sta. María, rota y Sanlúcar de Barrameda, para subvenir a los gastos de la necesaria obra de restauración, encabezándose desde luego estas suscripciones con los Augustos Duques de Motpesier y el del digno Prelado de esta diócesis, con las cantidades que más adelante se dirán nombrando para la dirección de la ya citada obra, al Sr. José María Fariñas apreciabilisimo Arcipreste de la ciudad de Sanlúcar de Barrameda; y depositario de los fondos que se recaudasen, a D. León de Aldama y Respaldiza, propietario y del comercio de la misma ciudad.

Para llevar a cabo estas suscripciones, su Eminencia hizo también el nombramiento de varias comisiones locales, eligiéndose para ellas las respetables personas que se mencionan.

Las sumas con que han contribuido las poblaciones que se citan son las siguientes:

Cádiz............................................................................................... Rs. Vn. 14.000
Jerez de la Frontera...................................................................... 9.000
Puerto de Santa María.................................................................. 1.000
Rota................................................................................................ 1.300
Chipiona......................................................................................... 11.000
Sanlúcar de Barrameda................................................................. 12.000
Total 48.300




A más de estas cantidades, tenemos que hacer mención de los donativos particulares que continuación se expresan.

S.M. la Reina Ntra. Sra. (Q.D.G.) ha contribuido con la cantidad de 6.000 rs. Vn.

SS.AA.RR. los seremos Sres. Infantes Duques de Montpensier, con la de 2.000 rs. Vn.; y además con lo que cueste todo el trabajo del retablo del altar mayor de la iglesia, y lo que importen las funciones religiosas que se han de ejecutar en los días anunciados en la convocatoria que al efecto se ha publicado, y de que más adelante se hará mención.

Y últimamente, el Emmo. y Excmo. Sr. Cardenal Arzobispo de Sevilla, ha contribuido también con la suma de 1.000 rs. Para el indicado objeto.

Además, hay varios regalos hechos a la Señora por los Augustos Príncipes y otras personas. Tales son, ricos vestidos, ornamentos, algunas arañas y otros efectos, de que no tenemos exacto conocimiento.

Pero todos estos esfuerzos no serian suficientes para una obra en que solo se ha contado con la pública piedad de los fieles, si no estuviera acogida a la poderosa influencia y alta protección de los cristianos y virtuosos Duques de Montpesier. A ellos, a su fe, a sus religiosos sentimientos y a su eterno amor por la Reina de los reyes, debemos el que llegue el día en que vean cumplido los fervorosos deseos de los fieles.

Nos hacemos un deber en hacer particular mención del pueblo Chipiona, que excediendo a sus facultades han contribuido con una cantidad superior a la corta riqueza de su reducida población.

Justo es también grabar en estas páginas los nombres de las personas que con tanto desinterés y fe religiosa han dedicado muchos días a la ímproba tarea de buscar recursos para dar un templo más al Estado, y mayor culto a la religión del Crucificado.

Por otras parte no nos es posible pagar sus asiduos esfuerzos de otra manera, sino perpetuando su memoria con la historia de esto días.

Tales son de los individuos que han compuesto las comisiones de los pueblos siguientes:

CÁDIZ
Ilmo. Sr. D. Juan José Arbolí, Obispo electo de Guadix. Sr. Deán de la Catedral y Sr. D. Placido García.
JEREZ DE LA FRONTERA
Sres. Alcalde-Corregidor, Arcipreste de la referida ciudad, Marques del Castillo, D. Francisco Javier Herrero y D. Domingo Dávila, presbítero.
PUERTO DE SANTA MARÍA
Sres. Alcaldes-Corregidor, Arcipreste, Juez de 1ª instancia, D. Guillermo Wals. D. Carlos Carrera y D. José Oneale.
ROTA
Sres. Alcalde, D. Manuel Mateos, cura y D. Joaquin Brunengo.
CHIPIONA
Sres. Alcalde D. Francisco de P. Bohoruqez, cura y D. Juan de Castro, presbítero.
SANLÚCAR DE BARRAMEDA
Sres. Arcipreste D. José María Fariñas, D Antonio Ruiz Vázquez, presbítero, D. Rafael Esquível, D. León de Aldana, D. Fernando Gómez de Barreda y D. Bartolomé Oláis, presbítero.

Pero si hemos sido justos en estampar estos nombres, también debemos serlo, haciendo una especial mención del apreciable Sr. Fariñas, Arcipreste de Sanlúcar de Barrameda, a cuyo cuidado ha estado y esta cuanto pertenece a este memorable acontecimiento.



RESEÑA HISTÓRICA DEL SANTUARIO DE NTRA. S. DE REGLA

Los sucesos acaecidos en 1835, motivaron la esclaustracion de los religiosos, y con ella se perdieron muchos documentos en estremo curiosos que guardaban los archivos y bibliotecarios de los conventos; otros se depositaron en puntos en que no nos ha sido posible haberlos. Tradiciones más o menos fundadas, manuscritos incompletos y de dificilisima lectura, y algún que otro apunte, debido al cuidado de varios amigos nuestros amantes de la historia, son los datos que teníamos para emprender esta reseña.

Pero la casualidad de encontrar unas memorias históricas que tenemos por más exactas que cuantos datos se nos habían proporcionado, reunidas en el año 1758 por el Sr. D. Pedro Velázquez Gastelú, nos ha hecho forma un juicio racional acerca del origen del santuario de Nuestra Señora de Regla, objeto en todo los tiempos de admiración y respeto para los católicos habitantes en la provincia de Cádiz.

Juzgamos inexactos los más de los manuscrito que tenemos a la vista y la tradición más general, por que las noticias que se dan no las vemos autorizadas por historiadores de conocida fe, ni tampoco con datos que justifiquen las vagas ideas que la credulidad admite. Las noticias que arrojan las crónicas más autorizadas y que juzgamos más ciertas, son las siguientes:
Él celebre cronista Fray Pedro de Molina, en su crónica de la casa de Medina-Sidonia dice, que después de que el rey D. Sancho el Brabo hizo merced a D. Alonso Pérez de Guzman del territorio comprendido entre las orillas de los ríos del Guadalquivir y Guadalete, fundo en el tres castillos; el de Rota, el de Trebujena y el de Chipiona, y llegado a este, lo espera en estos términos: " Este castillo se edifico en la parte en que los moros llamaron Chepiona, que según Horozco estaba a las inmediaciones del castillo llamado Evora, en cuya comarca estuvieron los templos de Venus y Juno. Que el sitio llamado Chepiona, antes Chepriota, se fundo un Monasterio de canónigos reglares, que se llamo Regla, y que después sé transferio a frailes Agustinos".

Esta autoridad, y ser el Sr. D. Alonso Pérez de Guzman natural de la ciudad de León, donde nació el 23 de Enero de 1256, nos induce a cree que así como trajo de aquella ciudad Monjes para poblar su Monasterio de San Isidro del Campo, debió también traer algunos canónigos reglares de San Agustín, donde el Monasterio de estos conserva aun hoy el nombre de Regla, poniendo este mismo nombre a la fortaleza de Chipiona. En el año de 1303, casó el Sr. D. Alonso Pérez a su segunda hija Dª Isabel de Guzman con el rico-hombre D. Hernan Pérez Ponce de León, a quien dio en dote, entre otros bienes, las villas de Rota y Chipiona fundando entonces la Casa de los Duques de Arcos, y a estos, con el castillo de Chipiona, paso la pequeña iglesia de Nuestra Señora servida por canónigos Reglares, bajo la protección de los Sres. De la casa de Ponce de León; fundando la iglesia y convento que esta a un cuarto de legua de Chipiona sobre la misma costa del mar, obteniendo los referidos Duques el Patronato, así como el de la casa grande de San Agustín de Sevilla, donde tiene su sepulcro.

Vemos también en las crónicas, que en 1482 fue cuando se redujeron a la observancia las casas de Agustinos de Sevilla y de Santa María de Regla, conforme a las establecidas para ermitaños Agustinos por el santo Doctor de la Iglesia San Agustín, y conforme a lo mandado por el Pontífice Alejandro Cuarto.

Pero la noticia más autentica que encontramos entre los diversos documentos que hemos leídos, es la del testamento de D. Juan de Guzman, primer conde de Niebla, y nieto del Sr. D. Alonso Pérez, otorgado en Bollullos ante el escribano Alonso Velasco a 3 de Octubre de 1396, que entre otras mandas pías deja a Nuestra Señora de Regla la limosna de 50.00 mrs.

El Sr. D. Juan de Guzman, primer Duque de Medina Sidonia, en su testamento otorgado en Sevilla, ante Pedro García, en 21 de Enero de 1463, lega a Santa María de Regla por una sola vez, la cantidad de 50.000 mrs.

Vemos que en un libro de valores de rentas de la casa de Medina-Sidonia, que se conserva en su archivo de Madrid, y contiene los años de 1493 a 95, consta que el Sr. D. Juan de Guzman, tercer Duque, costeo la obra del refectorio del Monasterio de Nuestra Señora de Regla, la cual importo 25.000 mrs. Con más castellanos de oro.
También leemos, que por escritura otorgada en Chipiona a 24 de Diciembre de 1588, ante Alonso Renjel, confiesan el Prior y religiosos de Regla, haber recibido de Sr. Duque don Alonso VII, una lampara de plata grande, cincelada, con las armas de su Excelencia, obligándose la comunidad a tenerla delante de la Virgen permanentemente, dada en limosna por haberle protegido Nuestra Señora en los peligros que corrió en la desgraciada expedición que tuvo a su cargo de la armada invencible.

En los mismos términos el Sr. Duque Manuel VIII, dio al santuario de Nuestra Señora de Regla, un frontal de plata de martilló para el altar mayor, de valor de más de 1,200 ducados con las armas de su Excelencia, dos blasones de plata de valor de más de 500 ducados, y un monumento para la Semana Santa, con otras varias alhajas para el altar, obligándose la comunidad, por escritura celebrada ante Juan Carrillo de Albornoz en 15 de Octubre de 1629, a decir perpetuamente por la salud del Sr. Duque, y después de sus días por su alma, la Misa mayor y demás sufragios y divinos oficios que cada año se hiciesen en la festividad de la Señora, que es el de la Natividad, así como los de su octava, con sermón y seis misas rezadas en los seis días infra-octavos, con más, la Misa votiva que todos los sábados se dice en el altar de la Señora.

Consta de las crónicas, que el referido Sr. Duque D. Manuel VIII, asistía con toda su familia y corte a santuario de Regla todo los años, el día de la Natividad, yendo también en la procesión, y que costeaba toda la cera de estas fiestas, así como un espléndido banquete en que en este día se daba a la comunidad.

En el testamento del citado Sr. Duque, otorgado en Sanlúcar de Barrameda a 1º de Junio de 1634 y por su cláusula 9ª, ordena que se digan por su alma en el santuario de Regla mil misas rezadas, y por su cláusula 94, lega al citado santuario una lampara de plata de peso de 200 ducados de vn., y por la 96 ordena, que de sus bienes se impongan la cantidad conveniente para que la lampara ardiese constantemente día y noche.

El Sr. Duque D. Gaspar IX en el año de 1638, costeo el magnifico sagrario de plata del altar mayor.

De los libros capitulares del Ayuntamiento de Sanlúcar de Barrameda, consta que en los años 1642, y en el de 1656, fue conducida Nuestra Señora de Regla en suntuosas procesiones al convento de Padres Agustinos de la citada ciudad, con motivo de creerse que podrían verificarse invasiones enemigas.

Pero si hasta aquí hemos presentado los anteriores datos históricos relativos a la fundación del Monasterio de Regla, nada hemos dicho del origen de la Imagen su titular, de cuyo asunto vamos a ocuparnos.

Por una tradición general y por unos manuscritos antiquisimos, tenemos conocimiento del primitivo origen de la Imagen de Ntra. Sra. De Regla, y sabemos por escrito de algunos historiadores de la Orden de Agustinos, que esta Señora fue mandada hacer por el Doctor de la Iglesia S. Agustín, siendo obispo de Hipona, para su oratorio.

La invasión vandálica en Hipona, hizo que los ermitaños agustinos cuya orden era fundada por S. Agustín, abandonasen la ciudad; y estos, viniendo a buscar amparo en las costas españolas, trajeron el precioso tesoro de Ntra. Sra., la que, según hemos leído, vino encargada a un diácono llamado Cebrian.

Desembarcados estos en las playas gaditanas, colocaron la Imagen en el santuario que esta frente al el mar y punto donde muere el Guadalquivir. Este suceso acaeció a principios del siglo V. Desde este tiempo puede la Señora en el monasterio de Regla recibiendo culto, según unos, por los canónigos reglares, y conforme a la opinión de los historiadores Fr. Pedro del Campo y Fr, Nicolas de Sta. María, por los ermitaños africanos.

Llegaron los tristes acontecimientos del siglo VIII en las orillas del Guadalete, donde la soberbia media luna triunfo de las huestes de D. Rodrigo, y esta victoria sarracena obligo a los monjes o ermitaños de Regla a huir de las hordas barbaras e impías. Para salvar a su titular y patrona de los ultrajes de la ignorancia y ferocidad de los bárbaros, ocultaron a Ntra. Sra. De Regla en una bóveda o cisterna inmediata al monasterio, y que esta a orillas del mar, encerrándola en una caja con ornamentos, vasos sagrados y una vela encendida.

Transcurrieron los años, y cuando en el siglo XIII el Sr. Alonso el Sabio salvo al país de la impiedad y de la ignorancia, la Santísima Madre de Dios hizo entender en visión a un canónigo reglar de la Catedral de León que viniese a desenterrarla, para que se le tributasen cultos en su antiguo santuario, designándole el sitio donde se encontraba. El canónigo, lleno de la más pura fe, emprende su marcha, y llegando al sitio señalado en la visión, descansa bajo una higuera que había en el punto marcado. No tardo en oír una voz angelical que del centro de la tierra le decía: " Este es mi lugar", voz que repitiéndose, confirma al canónigo la dulce esperanza que traía en su peregrinación. Trabaja con entusiasmo y fe en el sitio, y "¡Oh portento!", (exclama en su narración el esclarecido Fr. Tomas de Herrera), encuentra él deposito sagrado y la lampara encendida, concervandose hoy un cáliz de los que con N.M. y Sra. estuvieron enterrados. Se restituye a la Señora a su propio templo, y se labra una pequeña capilla en el sitio del maravilloso encuentro que hoy existe, así como la higuera y la cisterna, conociéndose este lugar con el nombre de Humilladero.

Desde este tiempo ha continuado Ntra. Sra. De Regla en el santuario adorada por todos, y siendo la admiración general por los muchos dones que siempre dispensaran a los fieles que la imploran en sus aflicciones.

En cuanto al color negro de la Señora, creemos que no fue adquirido por la humedad de la cisterna, como algunos suponen, sino que siempre fue negra: y así es de creer, atendiendo al versículo de los Cantares de Salmón, que dice: Negra soy, pero hermosa, hija de Jerusalén.

En todos los tiempos ha sido singular protección de los navegantes; ella es implorada en las más terribles tribulaciones de los marinos, y en las continuas zozobras que ofrecen las encrespadas olas de los mares, es constantemente invocada María Santísima de Regla. Como prueba de lo que dejamos expuesto, citaremos la antigua costumbre de nuestros marinos que al llegar de las Antillas, siempre que descubrieran el Santuario de Regla, que es el punto que primero divisan los navegantes cuando vienen a las costas gaditanas, saludaban con su artillería a Ntra. Sra.

Corrobora este aserto los muchos lienzos que decoran los claustros del destruido monasterio. En ellos estaban patentes los infinitos milagros de esta Señora dispensados en las más furiosas borrascas. Lo comprueban las alhajas y donativos que por los navegantes se hacía, y otras muchas razones que omitiremos.

Hasta la exclaustración de 1835 continuó en su monasterio, pero esta fue causa de su traslado a la Parroquia de Chipiona. Diecisiete años de abandono han hecho arruinar el antiguisimo edificio y traerlo al estado más deplorable.

De la restauración del templo y de las causas que lo han promovido, hemos hablado en la introducción de este folleto.

El corto tiempo que se nos ha dado para hacer estos pequeños y mal formados trabajos, él haber tenido que invertir su mayor parte en buscar noticias y leer manuscritos y crónicas, nos impide que esta reseña fuese escrita como corresponde a su objeto, razón por que el lector disimulará los muchos defectos, que a no dudar, encontrara.

Pedro Castelló